2.2.5.- Análisis de documentación

2.2.5.- Análisis de documentación

Última actualización de en Dani Fernández Blanco

En relación con este apartado creo conveniente analizar dos documentos que arrojan conceptos clave sobre el asesoramiento. Por este motivo, a continuación se resumen las ideas principales de los textos de Domingo Segovia (2010) y de Montero y Sanz (2008).

Del texto de Domingo (2010) titulado “Comprender y redireccionar las prácticas de asesoría” podemos sacar las siguientes impresiones e ideas clave:

Los orientadores no son agentes de cambio. A lo sumo, son facilitadores. Los que deben ejercer el cambio son los propios profesores, a través del apoyo/ayuda/colaboración y asesoramiento con el orientador.

Por este mismo motivo, es necesario que la comunidad educativa vea al asesor como un “centro de recursos” sobre el que apoyarse.

En el texto se explican tres tipos de modelos, los cuales son: servicios, programas y programa; ante esta situación cabe plantearse la pregunta de ¿por cuál de las tres tipologías nos decantamos?

Creo que la respuesta no debe ser exclusiva, única, sino que el asesor debería hacer uso conjunto de ellos, valorando la situación a la cual se va a enfrentar, analizando sus características, necesidades… o en palabras de Domingo (2010):

“Los modelos deberían funcionar más como variantes estratégicas desde las que entrar e iniciar procesos que como modelos puros de acción. Al adquirir cada uno de ellos pertinencia y posibilidad en función de otras variables, probablemente lo más rentable es que, siguiendo la lógica de ubicarse como colega técnico (por lo tanto, experto en algo concreto y en procesos), quien asesore actúe y parta del modelo, situación o acción (posible, demandada, necesaria) como excusa para iniciar desde ahí un proceso de desarrollo. A partir de allí, con una mayor perspectiva, el modelo debería, progresivamente, virar hacia otros posicionamientos de asesoría crítica propios de un enfoque colaborativo, constructivista y de procesos (DOMINGO, 2004; MONEREO y POZO, 2005; VV. AA., 2008) para concretar y que se desarrolle su programa de autorrevisión y mejora, dentro de la zona de desarrollo próximo de cada institución o equipo”.

A la hora de diseñar cualquier tipo de programa el asesor debería de tener en cuenta el currículum oculto, como comenté en anteriores publicaciones, y ser sensible para escoger el momento oportuno.

Para finalizar, quiero quedarme con una idea que Domingo expresa en su texto, referente al trabajo colaborativo y la ampliación de escenarios de acción, que dice que:

“es más productivo integrar, enriquecer y transformar el contexto, el entorno y restablecer y redimensionar vínculos entre escuela, familia y comunidad. Para lograrlo, lo más sensato es no trabajar de forma unilateral, sino entablar el diálogo y favorecer la co-implicación en educación (BARDHOSHI y DUNCAN, 2009). Es decir, accionar desde dentro y con múltiples actores (de todos los sectores) para que la escuela pueda incrementar a la par los aprendizajes de los estudiantes y el desarrollo de la comunidad (MURILLO, 2003; BOLÍVAR, 2000).

Del texto de Montero y Sanz (2008) titulado “Entre la realidad y el deseo: Una visión del asesoramiento” podemos sacar las siguientes impresiones e ideas clave:

Desde una concepción amplia de la función asesora, en la que tienen cabida tanto los asesores internos o de la comunidad educativa, propiamente dicha (Equipo Directivo, órganos de gobierno, Departamento de Orientación…) como los externos a los centros educativos, es desde la que podemos construir la figura de un asesor o asesora capaz de trabajar colaborativamente tanto dentro como fuera del centro e inducir y construir cambios dirigidos hacia la mejora.

Tomo como muy ilustradora de la tarea de asesorar la definición de Rodríguez Romero (1996), que afirma que es “un “servicio indirecto”, dirigido, en nuestro caso, al profesorado que trata directamente con los estudiantes; un servicio de apoyo y ayuda, basado en la comunicación bidireccional; que no limita la capacidad de decisión de la persona asesorada; que se produce entre profesionales del mismo estatus; donde se tratan temas y problemas procedentes de la práctica profesional; se trabaja sobre la base de acuerdos negociados; la resolución del problema supone la capacitación para enfrentarse con éxito a problemas similares (empowerment, dar valor al saber del asesorado).

Es necesario también destacar la importancia de la coordinación, que define como “crear un compromiso entre los compañeros a través de una toma de decisiones conjunta”. Desde esta perspectiva, podríamos apuntar que la relación de asesoramiento que se produce se caracteriza por ser voluntaria, de colaboración, en la que el poder, la responsabilidad y el compromiso son compartidos por los integrantes del grupo, donde los agentes internos mantienen el control sobre su proyecto, y los agentes externos aportan sus conocimientos y habilidades para hacer posible el desarrollo del mismo dando solución a situaciones escolares identificadas como problemáticas.