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3.3. Esta ruta puede afrontarse de diversos modos

Modelos de asesoramiento

Para el análisis de modelos de asesoramiento me basaré en el trabajo de Nieto Cano (2001), en el que identifica tres modelos generales de asesoramiento: Intervención, Facilitación y Colaboración:

  • Modelo de Intervención

La intervención define un tipo de asesoramiento centrado en el punto de vista del asesor en el que predomina su conocimiento y experiencia y la relación queda bajo su dominio. La figura profesional que refleja habitualmente este modelo es la del “médico”.

El conocimiento y la experiencia del asesor, en tanto experto, constituyen la fuente principal de racionalidad y la legitimidad del asesor que diagnostica situaciones, diseña estrategias y proporciona soluciones y controla la fidelidad de su desarrollo. El proceso de asesoramiento obedece a postulados de tecnificación, predeterminación, rutinización y control por parte del asesor. La meta perseguida es la de eficacia, se orienta a la a la medición de logros y a la precisión en la aplicación de procedimientos y es funcional a la implantación de programas preelaborados. Se establece una relación jerárquica con el asesorado, la responsabilidad de las decisiones recae en el asesor y opera “de arriba hacia abajo”. Este modelo no necesariamente implica un carácter impuesto, puede ser consensuado por los asesorados (institución o profesores), pero sí subraya el carácter externo del asesoramiento, ya que el asesor no debe estar implicado directamente en el funcionamiento ni depender administrativamente de la institución.

  • Modelo de Facilitación

La facilitación define un tipo de asesoramiento educativo centrado en el punto de vista del asesorado, predominando su conocimiento y experiencia y siendo él quien domina la relación. La figura profesional que refleja este modelo es el “psiquiatra o psicólogo”.

Se parte de la premisa que la escuela y los profesores son los que mejor conocen sus necesidades y el tipo de mejoras que deben introducirse quedando entonces en ellos la iniciativa de cambio, el trabajo de reflexión y las acciones para hacerlo. Son ellos quienes diagnostican sus problemas y encuentran las soluciones, y el asesor está al servicio del desarrollo autónomo y profesional. El asesor se perfila entonces como un recurso de clarificación y de aprendizaje en funciones de sus necesidades particulares, de manera que el proceso de asesoramiento resulta flexible, individualizado, contextual y asume un estilo no-directivo. El control para diagnosticar, planear y actuar reside por completo en los individuos o colectivo al que sirve el asesor determinándose un esquema de relación “de abajo hacia arriba”. El asesoramiento aspira a propiciar la creación personal por parte de los asesorados, la generación interna de ideas y cursos de acción, la autoestima y seguridad en el auto-desarrollo y su éxito depende de su grado de significatividad y relevancia para que los sujetos aprendan y apliquen por sí mismos procesos de resolución de problemas.

  • Modelo de Colaboración

La colaboración define un modelo de asesoramiento educativo basado en la interdependencia entre la parte asesora y la parte asesorada. Este modelo se refleja en las figuras del “colega” o del “amigo crítico”.

La toma de decisiones es consensuada y ejercida por ambas partes, en igualdad de condiciones de estatus y responsabilidad compartida. Se busca la convergencia en torno a la definición de problemas, el diseño de soluciones, su puesta en práctica y revisión, siendo el liderazgo y la responsabilidad cuestiones compartidas. Las metas que vinculan a asesor y asesorado tienen que ver con los beneficiarios directos del proceso educativo: los alumnos, debiendo orientar los esfuerzas de ambas partes a lograr mayores niveles de equidad, calidad y justicia en los aprendizajes de los alumnos. El modelo de colaboración introduce como tercer elemento, ya no el conocimiento experto o el programa a aplicar ni el desarrollo interno y profesional sino directamente el derecho de todos los alumnos a aprender.

En cuanto a la relación de asesoramiento, ésta no sólo supone una interacción centrada en cuestiones organizativas o curriculares, conlleva además una “experiencia vital” para las personas que se vinculan de forma activa y responsable en condiciones de igualdad. El asesoramiento es una experiencia significativa para los participantes, la colaboración es un escenario social que promueve el desarrollo de valores en un contexto participativo y democrático, el desarrollo de procesos de negociación y construcción de consensos.

Ahora bien, si recurrimos a los modelos para orientar la acción o para estudiar prácticas reales de asesoramiento hay que considerara que éstos son elaboraciones conceptuales y lo normal es que no se encuentren de manera pura y plena en la realidad. Por eso es conveniente concebirlos como un continuo, en lugar de categorías independientes.

A su vez, J. Domingo Segovia incluye las siguientes lógicas de actuación en función del grado de estructuración e integración de propuestas:

  • Modelo «servicios»

Frente a cada necesidad o ámbito de acción se genera un servicio de apoyo que actúa de manera experta pero aislada y, a veces, traslapado con otros. Al profesorado le pueden llegar varios servicios con prioridades, mensajes y propuestas diferentes y, también contradictorias.

  • Modelo programas

Todos los servicios y acciones se integran y coordinan en torno a programas; la acción tiene un sentido de continuidad y está articulada. El problema surge cuando en la práctica se trabaja en varios programas y se produce un efecto –similar al del modelo servicios– identificado como «programitis», que consiste en abrir tantos fuegos paralelos y descoordinados que terminan nublando o desviando de lo principal.

  • Modelo programa

Se actúa con la filosofía anterior pero con un solo programa aglutinador, generalmente nacido desde un proyecto educativo y un proceso de autorrevisión con apoyo. Este es el modelo que tiene sentido para la comunidad de aprendizaje y el que posibilita el aunar esfuerzos y perspectivas con un propósito común, más allá de actuar en acciones puntuales o colaterales.