3.5 Modelos de asesoramiento.

3.5 Modelos de asesoramiento.

Última actualización de en María Pasarín López

MODELOS DE ASESORAMIENTO:

Un modelo de asesoramiento se define: " además de por los pasos a través de los que puede realizarse, por los supuestos en los que se asienta con respecto a clientes y consultores, por las metas que persigue, que pueden ser descritas según un criterio bipolar de intervención directa frente a potenciación y capacitación de los sujetos / instituciones, y por el tipo de responsabilidades que asigna a los sujetos (estrictamente diferenciadas o paritarias y compartidas) (Escudero, 1992, p.87)

En primer lugar debemos mencionar que como se ha visto en el aula existen una gran diversidad de modelos en los que encuadrar nuestras prácticas y todo profesional lleva un modelo detrás (implícito o explícito) y que se refiere a los enfoques, ideas etc. que gobiernan su acción. 

El papel del asesor/a ha ido evolucionando a lo largo del tiempo, y a día de hoy nos encontramos con distintos enfoques teóricos en los que encuadrar su actuación.

En un primer momento, el papel del orientador/a se asociaba con un enfoque clínico; y aunque este enfoque puramente remedial que en un principio se le atribuía de forma única, a día de hoy se supone ya más superado, aunque muchas veces se sigue solicitando con excesiva frecuencia.

Así, muchas veces al orientador/a se le niega el papel de asesor, puesto que se reduce su papel al de un terapeuta, psicólogo escolar…y se le niegan facetas propias del asesor/a como pueden ser la colaboración, ayuda, innovación… Sin embargo, desde un marco teórico de corte psicopedagógico asesor/a y orientador/a devienen en la misma figura.

Existen distintos modelos de orientación e intervención psicopedagógica, sin embargo en este portafolios recojo los aportados por Montero y Sanz y que se recogen en el documento “Entre la realidad y el deseo: Una visión del asesoramiento”. Estos son:

  • Técnico reparador.
  • Modelo de consulta triádica.
  • Colaborador animador o modelo cooperador.
  • Transformador, investigación o  modelo transformador.

 

 Los modelos se complementan unos a otros y cada uno de ellos se utiliza en función de los factores y necesidades existentes en el contexto.

Técnico reparador: encaja con una visón técnico- clínica. Se centra en el alumno/a con un determinado “problema” el cual es derivado por parte del profesor/a al orientador/a que actúa en solitario sobre el alumno/a para intentar resolverlo. De esta manera el docente “deriva" en lugar de “examinar”.

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Modelo de consulta triádica: (psicopedagógico). En él es el profesor/a quien pide ayuda al orientador/a para que éste/a le proporcione las herramientas necesarias para poder ser el docente quien pueda ofrecer la ayuda que el alumno/a precisa.

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Este enfoque entiende que la educación se encuentra inmersa y está ligada a un espacio social en el que todos intervienen y en el cual se establecen una serie de relaciones, y dado que en la escuela una de las relaciones más importantes es la de profesor/a- alumno/a (una de las personas que mejor conoce al alumno/a es du profesor/a) se llega a la conclusión que dentro de la función docente también ha de enmarcarse la función tutorial y orientadora.

Colaborador animador o modelo cooperador: va un paso más allá del anterior, y es que el asesor/a ayuda y asesora al profesor/a para que éste actúe de forma autónoma con el alumno/a, pero a la vez no duda en intervenir de forma directa con el alumno/a si lo cree necesario, además no pierde de vista al resto de la comunidad (equipo directivo, familia, servicios comunitarios, asesores externos…), con la que trabajará de forma colaborativa para dar la mejor respuesta posible.

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Estamos ante un modelo de “consulta colaborativa” y que supone una clara superación de modelos anteriores.

Transformador, investigación o  modelo transformador: el asesor/a trabaja de forma colaborativa con el resto de la comunidad (profesionales tanto internos como externos al centro), además entre sus funciones estará la de propiciar estas relaciones entre los distintos agentes así como la de acompañar y animar las prácticas positivas que se lleven a cabo. Hablamos aquí del trabajo en red.

 

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Visto esto, el trabajo colaborativo y la creación de una cultura colaborativa en los centros permitirá alcanzar las metas educativas que se proponen, y precisamente la idea de un centro abierto al contexto profesorado, familias, alumnado… así como otras instituciones, entidades y organizaciones comunitarias es lo que permitirá sentar las bases de un trabajo en red.

Sin embargo, como hemos visto y frente a lo anterior, existe cierta discrepancia a día de hoy en nuestras escuelas entre el modelo de orientación sobre el que se sustenta la normativa que rige la labor de la orientación educativa y psicopedagógica y las distintas demandas que los propios centros educativos hacen a los servicios de orientación tanto internos como externos. Y es que a menudo éstas están relacionadas con un proceso de intervención directa con alumnado que presenta alguna necesidad educativa específica (modelo de tipo clínico- remedial) y que muchas veces ocupan la mayor parte del tiempo de asesor/a psicopedagógico, así si bien estas tareas deben realizarse, no nos podemos olvidar la necesidad de dirigir nuestras prácticas hacia otros fines.

Debemos reforzar un asesoramiento colaborativo por ser este un aspecto esencial para la mejora educativa. Permite la visión desde fuera de las propias prácticas, y es que promover la reflexión individual y grupal antecede a la mejora. Los asesores/as debemos contribuir a crear y fortalecer estas redes creando comunidades de aprendizaje que constituyan amplias y sólidas redes de colaboración e interdependencia positiva entre centros escolares, y entre los miembros de cada comunidad educativa (profesores, padres, alumnos, servicios de apoyo…)

Defendemos así un trabajo en red que nos permita tener una visión interdisciplinar de los problemas como una necesidad para encontrar la mejor respuesta a los interrogantes que nos plantea la realidad en cada momento.

Una cultura de colaboración es imprescindible para conseguir una escuela abierta a la diversidad que permita la inclusión educativa. Las distintas situaciones con las que nos podamos encontrar son complejas y necesitamos de todas las posibilidades que tengamos a mano para poder hacerles frente de la mejor manera posible.