1ª Etapa (Roncesvalles): Comenzamos el Camino

1ª Etapa (Roncesvalles): Comenzamos el Camino

Cuando comenzamos el Camino de Santiago, el tiempo pasa más rápido de lo normal y nos  damos cuenta que lo que estamos haciendo es irrepetible, ya que ningún camino es igual.

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Cuando caminamos entre árboles, maleza, sombras y senderos pensamos en lo grandiosa que es la naturaleza y en las cosas tan sencillas que nos hacen apreciar todo este entorno. Lamentablemente, muchas de ellas suelen pasar desapercibidas en nuestra vida cotidiana; en cambio, durante el camino, tenemos tanta tranquilidad y tanto tiempo para pensar, que el mínimo detalle nos hace disfrutar.  Y es en este mimos instante, cuando estamos en Roncesvalles, cuando nos damos cuenta de lo bien que hicimos en meter una lupa en nuestra mochila.

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Este instrumento nos permitirán analizar minuciosamente todo aquello con lo que nos vayamos encontrando y despertará en nosotros nuestra curiosidad y nuestra ansia de saber y de indagar. Así al examinar con lupa diversas realidades con las que nos fuimos encontrando en esta primera etapa del Camino, nos debemos de quedar con una frase concreta: “Un buen asesor siempre desaparece” 

            Pues bien, al examinar con lupa esta frase, hemos podido observar los siguientes aspectos:

⁻         Asesorar no es intervenir “sobre” sino intervenir “con”, con la finalidad de despertar en los asesorados la capacitación  y el empoderamiento pretendidos. Así, el término anglosajón Empowerment, hace refiere a la capacitación de la propia persona a través de las herramientas, la ayuda y las estrategias apropiadas que doten al peregrino de autonomía y autosuficiencia para recorrer si fuera necesario sólo el camino.

⁻         El asesoramiento debe de tener un carácter tanto reactivo -de resolución de problemas- como proactivo -de anticipación a los mismos, que sólo se conseguirá a través de la creación de un clima de respecto, igualdad, libertad y confidencialidad, donde la horizontalidad y la bidireccionalidad cobren especial sentido.  

⁻         Asesorar no implica tomar las decisiones por los asesorados sino abrirles multitud de vías y posibilidades, y ofrecerles diversidad de recursos y estrategias para que por sí solos puedan tomar sus propias decisiones. Derivada de esta evidencia, el asesor/a debe anticiparse, prevenir y ver posibilidades de mejora en la situación que rodea a los asesorados y, además, debe conocer y abrirse a la realidad  en la que éstos están inmersos. Sólo de esta manera, el asesor podrá capacitar al asesorado con la autonomía y la libertad necesarias para que el empoderamiento del que venimos hablando sea factible.

Siguiendo esta misma línea, sólo el peregrino por el que se interesan los buenos compañeros o el peregrino que comunica al resto su preocupación por un tema concreto- como el prevenir el dolor de pies-  podrá recibir diversidad de consejos y sugerencias -masajes, aceites, vendas, baños de sal- para evitar que sus pies sufran y que todos tengan que ralentizar la marcha. Asimismo, este peregrino ya nunca más se tendrá que preocupar por tal motivo, ya que ahora ya es conocedor del mismo y además ya puede prevenir e incluso aconsejar a otros compañeros en esta misma situación.

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En definitiva, tanto el peregrinaje como el asesoramiento debemos entenderlo como un proceso en el que se pretende que tanto el peregrino como el asesorado adquieran poder para decidir por sí mismo, tenga acceso a diversos recursos e informaciones,  adquiera asertividad y habilidad para hacer cambios y, finalmente, crezca y se desarrolle en todos los ámbitos de la vida.