6ª Etapa (Astorga): La guía del peregrino

6ª Etapa (Astorga): La guía del peregrino


Comenzamos otra nueva etapa en el camino. Ya es la sexta etapa y nos encontramos en la mitad de nuestro recorrido. Nos damos cuenta que haciendo el Camino, el tiempo pasa más rápido de lo normal, y que es necesario aprovecharlo al máximo. Ya no sólo me refiero a las horas que pasamos caminando, visitando monumentos o descubriendo pueblos y aldeas recónditos; sino también a todo el tiempo que pasamos hablando los unos con los otros, bebiendo “cuncas de viño” e incluso descansando o interactuando con los habitantes del lugar. Son momentos, que en toda guía del peregrino se deben incluir y que constituyen al fin y al cabo los momentos más íntimos y personales de cada peregrino.

Algo semejante ocurre con el asesoramiento curricular. Todos sabemos que el asesoramiento está  estrechamente relacionado con  aspectos curriculares, organizativos y de desarrollo profesional (definición de propósitos del centro, estilos de enseñanza, currículum oculto, prácticas de evaluación, reglas y rituales), pero muy pocos sabemos lo que todo este entramado de elementos significa. Al igual que una persona cualquiera no sabrá lo que es hacer el Camino de Santiago hasta que lo realice, una asesor/a no podrá asesorar hasta que esté inmerso en la cultura institucional del centro y tenga acceso a los procesos de enseñanza-aprendizaje que ella se lleven a cabo. De hecho, para poder asesorar a un centro y a sus profesores será necesario conocer la realidad que engloba a ese centro, así como sus necesidades y posibilidades de mejora.

Asimismo, como ocurre en el Camino de Santiago, el asesoramiento no es una experiencia que podamos vivir en solitario, sino todo lo contrario: implica afrontar con fundamento la mejora de la educación y supone “trabajar juntos a lo largo de un fascinante proceso de autorrevisión de las diferentes dimensiones organizativas y curriculares del centro” (Moreno Olmedilla, 2004).

Por tanto, para que esta experiencia sea efectiva y real, se ha de de resituar la labor del asesor/a en nuevos escenarios  más dialécticos -de colaboración y negociación- y se han de asumir papeles más próximos al aula y al profesorado. Para lograrlo, nos encontramos con una serie de niveles de actuación hacia los que deberemos dirigir nuestra labor. Éstos son, según Moreno (1999) y Bolívar (2000):

  • La dimensión institucional, en la que el nuevo asesor/a promoverá un clima de colaboración y de comunidad de aprendizaje a través de la puesta en marcha de dinámicas de trabajo potencialmente formativas, tales como las acciones que podemos relacionar con los documentos de centro y en especial con el proyecto educativo. Todas ellas,  configuran una buena oportunidad para ir autorrevisando, reconstruyendo e integrando el centro y para fomentar los procesos de deliberación, reflexión, discusión y consenso que él se han de desarrollar.
  •   La dimensión estratégica: El nuevo asesor/a buscará la integración de voces, inquietudes, esfuerzos y perspectivas en torno a programas o proyectos de trabajo. El más potente por sus implicaciones educativas y por toda la historia que lo envuelve en el Plan de Acción Tutorial. De hecho, supone una oportunidad privilegiada para entrar en el complejo mundo del apoyo a los procesos de enseñanza aprendizaje, de las relaciones interpersonales y de la confluencia de cuestiones educativas entre centro, familias y entorno.
  •  La interacción educativa en el aula: El nuevo asesor/a deberá colaborar con el profesorado  para que este prevea las ayudas pedagógicas pertinentes las aplique de forma pertinente y las modifique cuando sea preciso. Se trata de un proceso de capacitación o empoderamiento del profesorado basado en el análisis de la propia práctica docente, en la investigación en el aula y en la reflexión compartida y consensuada en y sobre la acción educativa. Por tanto, en este sentido la función del asesor/a será  la de apoyar al profesorado, pero siempre tratando de sintonizar y fusionarse con la realidad y la educación que se defiende a nivel de centro.

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En definitiva, la definición y concreción de estos tres niveles de actuación,  nos recuerda que, al igual que en las guías de peregrinos, aparecen los lugares que todo peregrino ha de visitar, las comidas que ha de probar o los albergues en los que se ha de alojar; en el mundo del asesoramiento, también han de existir unas dimensiones específicas que todo asesor/a debe conocer y en las que ha de trabajar. Sólo así podrá llegar a realizar una labor efectiva, y al fin y al cabo, real.