9ª Etapa (Sarria): Las personas que hemos conocido a lo largo del Camino

9ª Etapa (Sarria): Las personas que hemos conocido a lo largo del Camino


El Camino de Santiago es encontrarte con personas de otras culturas, otros países, otros pensamientos, otras opiniones, otras formas de ver la vida, etc., convivir con ellas durante largos periodos de tiempo, pasar por diferentes estados de ánimos, resolver conflictos... ¿Y qué decir de la gente que conoces en cada camino, de sus historias, de sus vidas, de sus experiencias?

 Ahora que estamos llegando a nuestro destino, podemos decir que cada persona que hemos conocido en el camino nos ha enseñado algo que aún no conocíamos; ya fuera  bajo la lumbre de una buena chimenea, en algún albergue del camino; con un vasito de orujo o en plena caminata, pero de todas y cada una de ellas hemos aprendido algo.

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Lo mismo nos ha de pasar cuando seamos asesores/as de centros educativos y profesores. Trabajaremos con profesionales con características, conocimientos y experiencias diferentes a las nuestras. Tendremos que lidiar con opiniones y creencias opuestas a las nuestras.  Daremos con profesionales receptivos y fáciles de tratar, con otros que nos pondrán pegas y obstáculos para actuar;  pero a todos ellos los escucharemos y les trataremos de apoyar. 

En este sentido, tanto la  labor del asesoramiento como la realización del Camino de Santiago, tienen como punto básico la idea de colaboración. De hecho, no podremos ayudar a la mejor escolar ni lograremos llegar a Santiago de Compostela, si por el camino no somos capaces de colaborar ni participar con nuestros compañer@s de viaje.

 

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No obstante, cuando hablamos de colaboración con personas a las que aún no conocemos y en las que no tenemos confianza, surgen los problemas. En este sentido hemos de saber que todas las instituciones al igual que todos los caminos, tienen una historia, unos roles y una cultura determinada.

De esta manera, cuando un asesor/a llega por primera vez a un centro educativo o cuando un peregrino se junta a un grupo con el que iniciar el Camino, ha de introducirse progresivamente en él, con respecto y prudencia, si quiere llegar a ser aceptado y valorado a lo largo de todo el camino. Lo cierto es que nuestra entrada, así como muestras posteriores trayectorias, van a condicionar mucho nuestras posibilidades futuras de interacción.

Sabemos que existe una cultura consolidada en el centro educativo, al igual que  existe en cualquier grupo de peregrinos, lo idóneo será adoptar una posición de estratega y tratar de implicarnos y formar parte de ella. Sin embargo, esto no lo conseguiremos de un día para otro, necesitaremos cierto tiempo hasta que ocurra, Por tanto, no debemos impacientarnos.  Comprender cómo funciona un centro o un grupo cualquiera de personas, conocer cuáles son los ritos y culturas imperantes en él o apreciar qué relaciones e interacciones se llevan a cabo en diversas circunstancias, nos llevará su tiempo.

El camino que estamos ahora recorriendo, se dirige hacia la aceptación del asesor/a en el centro y del peregrino en el grupo. Pero no es un camino sencillo.  Hemos de ser fuertes, adoptar una actitud abierta y receptiva; hemos de contar con unas habilidades sociales y de liderazgo y hemos de tener ganas de emprender este duro camino.

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La competencia de un buen peregrino, reside entonces, en colocar nuestros conocimientos y habilidades en situaciones diversas y en actuar con creatividad y entusiasmo. O dicho de otra forma… en utilizar pegamento y vitaminas para lograr general potencialidades a partir de obstáculos y trabas del camino.