Asesoramiento desde una perspectiva colaborativa

Muchos son los campos en los que el asesoramiento educativo actúa, con una amplia gama de contextos, papeles...etc. El asesoramiento se entiende como un fenómeno procesual y dinámico que se dedica a la ayuda y apoyo en los centros escolares donde se encuentran implicados distintos agentes educativos que se encargarán de mejorar la escuela a través de la utilización de un conocimiento pedagógico. En este proceso de asesoramiento podemos distinguir distintas fases donde cada una de estas requiere formas distintas de actuación. Estas distintas actuaciones tienen como característica común la mejora del sistema educativo, y se relacionan en tres grandes momentos: planteamiento del cambio, el desarrollo o puesta en práctica y, por último, la institucionalización. De esta forma, el asesoramiento se irá materializando a través de la creación de una relación de aceptación, donde se concretarán las metas, los objetivos...etc.; la búsqueda de información, análisis de problemas, causas, contextos...etc.; alternativas de solución, formulación de planes de acción...etc.; puesta en práctica del plan de mejora, es decir, puesta en práctica de la actuación; y, por último, la evaluación y toma de decisiones para conocer los resultados del trabajo realizado. Se habla del establecimiento del contacto inicial como un punto clave en el asesoramiento, pues es cuando los distintos agentes se conocen y, además, se produce la negociación de los roles, que quizás es de lo que va a depender el buen funcionamiento del proceso de asesoramiento o, por el contrario, el no tan bueno. Es aquí cuando se intercambia información y se discute, alcanzándose acuerdos y compromisos de colaboración y también se organiza todo el programa de la actuación que se va a realizar. Por lo tanto podemos hablar en esta fase del proceso del establecimiento de un clima de confianza, de compromiso donde se clarifica cómo se va a actuar, cómo se secuenciará el proceso, cual va a ser el rol desempeñado por cada agente, qué es lo que se pretende conseguir.

Como aspecto importante decir que es en este momento cuando se empieza a configurar el rol del asesor. Debemos tener claro que esta relación de apoyo y ayuda de la que hemos hablado no es igual en todos los centros, pues cada uno tiene sus propias particularidades. Durante la construcción de esta relación de asesoramiento, pueden darse factores que favorecen o dificultan la colaboración y la comunicación de la que hablamos. Estos factores pueden ser, por un lado, el modo en que se introduce la propuesta de asesoramiento que queremos hacer, la forma en que se concretan las funciones y actividades que va prestar el asesoramiento, y, por otro lado, la disponibilidad o condiciones del centro escolar, que incluye la trayectoria del centro, su modo de trabajo, el concepto que poseen acerca del papel del asesor. Una vez que quedan claros estos aspectos de los que hemos venido hablando, la escuela realiza una autorrevisión crítica para identificar los ámbitos de mejora sobre los que poder actuar.

Estos ámbitos a los que hacemos referencia pueden ser la escuela en su totalidad, o algún aspecto particular de esta sobre el que es necesario actuar para el adecuado funcionamiento del centro. En esta autorrevisión se hace una valoración de cómo funciona el centro actualmente para detectar los logros más importantes y cuáles son los aspectos que son susceptibles de mejora. Todo esto se hace a través de la discusión y el diálogo, donde todos los agentes colaboran y por eso hablamos de una perspectiva de colaboración. Cuando los agentes buscan soluciones y alternativas, se trata de un momento crítico a partir del cual se proponen pautas de acción y se establecen hipótesis de trabajo que el centro investigará. Como vemos, todo este complejo proceso implica una colaboración de tos los agentes y, por lo tanto, un trabajo colectivo donde todos los miembros participan exponiendo sus puntos de vista y sus opiniones acerca de la dirección que va a tomar el proceso de asesoramiento. Tanto los asesores como los centros escolares establecen de forma conjunta los objetivos para la acción y planifican los pasos para solucionar los problemas que se han identificado en el centro y las necesidades de este, por lo que el trabajo colectivo es esencial para el trabajo del asesor, bien sea planificando reuniones, recopilando información, sugiriendo técnicas y estrategias de actuación, creando un clima de confianza, acordando encuentros...etc.

El asesor ha de tener en cuenta que su opinión es importante, pero también lo son las opiniones del resto de los agentes implicados en el proceso, ya que estos poseen su propia opinión y sus propias perspectivas acerca de los temas tratados, por lo que tiene que cuidar la libertad para expresar estos. Además, el rol del asesor implica encontrarse continuamente en una posición conflictiva entre la administración y los políticos, y, por otro lado, entre el centro, los profesores y las familias, por lo que los asesores deben ser conscientes de las posibilidades y limitaciones que poseen.

Una vez que el plan ha sido elaborado, se debe atender a la preparación para su puesta en práctica, teniendo en cuenta los indicadores y criterios que el centro adoptará para valorar las acciones que se realizarán, sin olvidar la formación que se ha de adquirir para que el plan de acción sea exitoso. Este plan de acción que se aplica en un centro constituye en una alteración en la práctica, pero no se trata de la sustitución de una práctica por otra, se trata de una mejora de la práctica, no de una sustitución. Lo más productivo que se obtiene de este proceso, además de la mejora del sistema educativo, es el aprendizaje que adquieren todos los agentes implicados en el proceso. Los centros no sólo mejoran su práctica educativa, sino que además construyen su imagen y comprensión de la mejora que se lleva a cabo, ser capaz de adaptarse al cambio, cambiar su forma de actuar, de pensar de otra manera, asimilar los elementos del cambio.

Por último hablar de la evaluación, que en este caso no debemos pensar en ella como el producto del plan de mejora, sino que en este caso se trata de un proceso de evaluación constante, que se realiza a lo largo de todo el proceso a través del análisis crítico, la valoración y la toma de decisiones, con el fin de generar confianza y reforzar la capacidad de mejorar.

Desde mi punto de vista esta perspectiva colaborativa es la mas aceptable a la hora de llevar a cabo un plan de mejora, ya que todas las ideas y aportaciones individuales conforman un proyecto más completo y más homogéneo que contempla todas las particularidades existentes en el centro, lo que en definitiva propicia un mejor funcionamiento del mismo y un mejor ambiente de trabajo.