Raquel Souto López

Soy una persona que actualmente se está formando para llegar a ser una futura psicopedagoga y que con anterioridad estuvo en la titulación de Educación Infantil puesto que me gustaría dedicarme al ámbito de la educación.

Páxina 20.

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TAREFA GRUPAL: RELACIÓNS ENTRE OS PSICOPEDAGOGOS/AS E OS PROFESORES/AS.

  En la última sesión de la materia se tuvo la oportunidad de analizar la relación que existe entre el grupo docente y la persona que orienta y asesora en el centro. Para ello fue necesario posicionarnos desde un y otro prisma con intención de que tal análisis no fuera algo segmentado, sino que permitiese una visión mas globalizada de la situación existente.

Resulta muy complicado dar una visión generalizada y objetiva, pues dependerá de las experiencias personales sobre el ambiente escolar y la dinámica del centro entre otros factores. Sin embargo, las opiniones del grupo, así como las del grupo clase, que coinciden en su gran mayoría. La visión del profesorado por parte de los orientadores/as es más positiva en principio que la que éste posee de los otros/as. Existe, habitualmente, por parte de la persona que orienta una disposición hacia un trabajo colaborativo hacia el equipo docente; es decir, existe una consciencia sobre la necesidad de la coordinación entre ambos perfiles.

Asimismo, también se recalca la realidad de que en muchas ocasiones el rol del orientador/a se percibe con tintes de arrogancia por considerarse poseedor de la verdad, creyéndose en situación de “mando”. Por el contrario, también existe la opinión de la existencia de tal arrogancia en el profesorado, ya que al ser especialista de un área de conocimiento determinada no ven la necesidad de una figura de ayuda.

Aunque el profesorado se entiende como un grupo importante con el cual se debe mantener una postura de horizontalidad, ésta no ocurre siempre, pues en la mayoría de los casos la relación que se produce es de planteamiento de problemas y la exigencia de la resolución de los mismos de forma inmediata. Es decir, en muchas ocasiones el profesorado exige respuestas en vez de formular preguntas. A pesar de esta realidad, el asesor/a debe aprovechar su posición privilegiada para observar y analizar las actividades realizadas por el profesorado, pues la profesión docente es una profesión fragmentada en tanto que no se entiende como un grupo sino como individuos aislados que actúan en su disciplina. Es muy importante que el asesor/a actúe con perspicacia y reconduzcan la situación hacia una colaboración y hacia un tratamiento (identificación y definición) de los problemas.

Por lo tanto el orientador/a debe evitar un trabajo basado en “dar recetas” sino abogar por un trabajo en el que se potencien las habilidades y destrezas para buscar los diferentes caminos que puedan existir para una solución ante una problemática o duda concreta.

Las valoraciones que se han venido explicitando hacen referencia al grupo profesorado en su generalización, pero cabe señalar que, como en todo, las características y expectativas del profesorado de infantil y primaria divergen del profesorado de secundaria. En el primer caso giran en torno a una visión más colaborativa de la figura orientadora y, por ello, suele resultarles más fácil abrir sus aulas; sin embargo, el profesorado de secundaria, desde su posición de especialistas, consideran sus aulas como un territorio con murallas difíciles de franquear.

Para no continuar con generalizaciones, es necesario tener claro que la visión que pueda existir en un centro de la figura orientadora es producto de su historia anterior; es decir, la predisposición o no del equipo docente a participar con el orientador/a viene condicionada por las experiencias previas que hayan tenido en este ámbito. Además, cambiar la dinámica de un centro es complicado, pero hay que ir practicando un juego de ambivalencias, el orientador/a ha de ser estratega y mostrar siempre seguridad en sus pasos, no mostrarse vulnerable e inexperto en su campo, pero siempre con humildad y mano izquierda.

Finalmente cabe recalcar que el trabajo informal de estar con unos y con otros docentes (en los descansos, el café, la sala…) es muy importante para entrar a formar parte del equipo de centro. También se debe tener claro que puede haber diferencias en lo que uno es en cuanto a su formación en relación a lo que proyecta como profesional. La formación académica es importante ya que nos permite desempeñar un puesto de trabajo concreto, pero esta formación no da la competencia; una persona no es competente sólo por saber sino por saber colocar cada conocimiento en cada momento adecuado. Siempre es la persona la que actualiza sus valores, sus saberes y los proyecta. No se trata de dicotomizar por un lado formación y por otro la persona; sino que hay que ser personas estratégicas contando con la formación que la respalda.

En definitiva se observan tres perspectivas en cuanto a la visión del orientador/a por parte del equipo docente:

- Como todo poderoso con recetas mágicas para paliar todo tipo de problemáticas y dudas.

- Como una figura y un puesto de trabajo que no aporta nada al profesorado.

- La visión colaborativa del orientador como figura de apoyo.