...tu tregua cada mañana

Por otra parte, no debemos engañarnos tampoco, una relación cuyo 90% sean momentos de guerra no es una relación sana y, por lo tanto, o bien se toman todas las medidas necesarias y se revisan toda la conceptualización realizada hasta el momento o bien se "corta por lo sano".

Sólo puedo decir al respecto que la televisión y las películas hacen mucho daño (no todo es "la vie en rose" como en muchas ocasiones nos han pintado en Magisterio) y que es necesario que ante cualquier pequeño "problema", desavenencia o conflicto plantar cara y buscar la solución sino este irá haciéndose cada vez más pesado y difícil de mover. Sin duda esto último es algo que he aprendido en esta carrera (tanto "amorosa" como académica).

 

Bienestar y salud docente

moneda al aireSi ayer analizaba la importancia de prevenir y actuar frente al malestar docente, hoy toca analizar la otra cara de la moneda...

Hablaremos pues de la salud o bienestar docente, puesto que si pretendemos transformar las fuentes de tensión y malestar  de las que hablába ayer en bienestar, no estamos hablando de otra cosa que de conseguir una labor docente saludable, alegre y apasionante.

Según Esteve, la profesión docente es una actividad ambivalente puesto que, mientras que parte del profesorado vive la enseñanza con optimismo, alegría y como un foco de autorrealización personal, para otra parte esta es un foco constante de tensión y exigencia. Por ello, es muy importante el conocimiento de estos problemas reales que debemos enfrentar y dominar mediante el diseño de programas efectivos que preparen a los docentes para enfrentarse con la práctica real, intentando de esta forma romper con la ambivalencia anteriormente descrita y que así salga a relucir la “cara del bienestar”.

Para que dicho bienestar sea posible, señala la necesidad de cambiar los enfoques de la formación inicial del profesorado, evitando que estos se sustenten en la oferta de una visión idílica de dicha labor y, por lo tanto, no los prepara para los problemas reales diarios de un aula.  Esta necesidad responde a su vez a la consideración por parte de Esteve de que es la formación inicial la llave que conduce a la autorrealización en el ejercicio profesional de la docencia. Por ello, es necesario construir el bienestar preparándolos para hacer frente a las siguientes problemáticas:

  1. Evitar distorsiones en la definición del rol de profesor: Es la primera dificultad a la hora de comenzar cualquier trabajo puesto que cualquier persona debe  definir su propia identidad profesional. Para ello debemos reflexionar y llegar a una respuesta clara sobre: ¿quiénes somos?, ¿para qué vamos a clase?, ¿cuáles son nuestros objetivos?, ¿qué sentido tiene lo que hacemos?
  2. Definir los objetivos del rol docente: Es decir, repensar el objetivo último de nuestro trabajo y lo que de verdad importa y da sentido al mismo para ello es esencial que dicha definición sea continua a lo largo de nuestros años de profesión y va a estar basada en la resolución de las cuestiones expuestas a continuación.
  3. Perfilar la propia identidad profesional: Debemos descubrir qué significa ser profesor descubriendo las estrategias y temas que nos ayuden en la práctica diaria, perfilando un estilo acorde a nuestra personalidad y teniendo en cuenta que debemos estar al servicio de los alumnos.
  4. Dominar las técnicas de interacción y comunicación en el aula: Puesto que el aula es un sistema de comunicación e interacción y, por lo tanto, el docente debe dotarse de formas adecuadas de expresión. Para ello hay que dominar los códigos y los canales de comunicación, saber distinguir los distintos climas que crean en el grupo de clase los distintos tonos de voz que el profesor puede usar, etc. La finalidad es ser dueños de nuestra forma de estar en clase, conseguir comunicar lo que exactamente queremos decir, y lograr mantener la empatía con nuestros alumnos.
  5. Capacidad para organizar el aula con un orden productivo: Hablamos en este punto de la disciplina y de saber organizar a los alumnos de forma que trabajen con un orden productivo. Para esto debemos definir funciones, delimitar responsabilidades, discutir y negociar los sistemas de trabajo y de evaluación, hasta conseguir que el grupo trabaje como tal.
  6. Adaptar los contenidos de la enseñanza al nivel de conocimientos de los alumnos: Para esto es fundamental partir de que estamos al servicio de los alumnos y, por lo tanto, actuar en consecuencia “masticando y traduciendo” el contenido que pretendemos enseñar de acuerdo con lo que cada año tenemos delante.

Además de lo descrito hasta el momento es importante inculcar tanto en la formación inicial como permanente otro factor que es el de la búsqueda y prestación de ayuda y apoyo a los compañeros que lo necesiten y el rechazo a la negación y ocultación de los problemas.

Es indudable que una vez solucionado lo relacionado con la formación, nos encontramos con factores como la propia mentalidad de los docentes y su motivación, siendo este último un factor muy importante ya que es el motor que inicia el camino hacia la consecución de los objetivos propuestos. Diversos autores apuntan además a la motivación intrínseca como un factor asociado al bienestar docente.

La figura del asesor, por lo tanto, debería ser una pieza central en los centros puesto que varias de las consignas aquí indicadas coinciden al 100% con todo lo que venimos apuntando hasta el momento: ayuda, colaboración, formación etc.

Centrarnos en los docentes y cumplir con estos aspectos revierte en una educación sana, que sin duda alguna nos conducirá hacia los deseos descritos hasta el momento: mejora de la calidad de la enseñanza, la motivación de profesores y alumnos, mejora de los centros educativos, atención a la diversidad...

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