C.3.1. Personalidad

C.3.1. Personalidad

Última actualización de en Jesus Segura Rodriguez

            Desde el punto de vista de la personalidad hemos abordado en el desarrollo de la materia diversas áreas dedicadas a las características personales de cada uno de estos profesionales. Me gustaría destacar solo algunas, que no son tampoco todas las que se han trasladado al contexto del aula mediante intervenciones de mis compañeros. En concreto, me gustaría centrarme en distintas áreas. La primera de todas, la vocación; pues considero que es una de las condiciones más prematuras en el desarrollo de un o una docente.

http://stellae.usc.es/red/blog/view/50258/la-eleccin-de-ser-docente-de-sandra-martnez-prez

 

            En clase, a lo largo del desarrollo del texto “La elección de ser docente”, de Sandra Martínez Pérez en 2013, pudimos obtener una panorámica general sobre la vocación hacia la elección del profesorado. Tal fue mi interés despertado en esta área que por mí mismo, gracias a los fuertes lazos de amistad que mantengo que personas dedicadas a la educación reglada, puede recoger tres valoraciones más acerca de la vocación en cada una de estas etapas. Para concretar más sobre esta área desde una perspectiva más próxima a mí, aludiré también al texto redactado en mi grupo “Pedagogos na rede”, inspirado en el mismo que tratamos en clase.

            Como si de una entrada de la enciclopedia se tratara, cabría empezar primero por el origen y significado de la palabra “vocación”. Esto, además de ser una estrategia efectiva para entender a lo que nos vamos a referir, fue una de las preguntas trasladadas a la clase el primer día que estuvimos tratando este tema. ¿Qué es la vocación, qué significa? Pues veréis, vocación proviene del latín “vocatio”, que aunque tiene una connotación religiosa, significa a día de hoy “ser llamado a …”. Pues bien lo que se recoge en este texto que me parece oportuno compartir es un análisis de las cusas por las cuales la juventud del siglo XXI opta por la profesión de ser maestros de Infantil y de Primaria. Encontramos una serie de testimonios personales donde se manifiestas muchas de estas motivaciones, demostrando que la vocación está tradicionalmente arraigada a la profesión docente, la influencia de alguna “otra” persona cercana o la misma pasión por los niños. Desde esta perspectiva, en mi grupo nos aventuramos a interpretar la vocación desde una perspectiva orientativa, considerándola como un proceso de constructivo que se inicia con una toma de decisiones y se desarrolla en proyectos personales en constante renovación.

 

 Formación del futuro profesorado de la USC: Sandra, Uxía y Denís

            Después de esto, dada la posibilidad de comunicación con personas que están en un proceso de formación inicial hacia la docencia profesional, me dispuse a hacer una entrevista estructurada donde, entre otras cosas, preguntaba acerca de qué les motivó a querer ser profesor/a, a lo que ellos respondieron: 

“Desde los 12 años quise estudiar magisterio. Siempre me he visto en esa carrera. También me llamaba la atención “publicidad”, pero finalmente elegí ésta.”

(Sandra)

“Porque me gustan mucho los niños y niñas.”

 (Uxía)

“Mis padres siempre se han dedicado a la profesión docente. Ella a infantil y él a primaria. Solo quedo yo.”

(Denís)

 

            Como veis, estos otros tres testimonios de alumnos de la USC, dejan constancia de que siguen los tópicos que aquí se recogen.

¿Qué hace un 'profe' que mola, qué tiene que tener?

            Obviamente, no todo lo que vengo a recoger aquí tiene que ver explícitamente con la vocación, aunque tampoco podemos negar que influya en ciertos carácteres debido a su desarrollo transversal a lo largo de la vida de la persona. Por ello, existen otras características personales que están implicadas en el “ser un buen maestro”, que Santrock (2001) recoge:

  • Actitud positiva
  • Perspectiva de la enseñanza como un reto
  • Autoeficiencia personal
  • Interactivo con sus alumnos
  • Sin excluir a nadie del sentimiento afectivo grupal.

            Una actitud positiva, que junto con una perspectiva de la enseñanza como un reto, afronte cada uno de los dilemas y obstáculos con ideas y mejoras para el cambio, siempre activo ante la escucha de nuevas sugerencias; una autoeficiencia personal, de manera que sepa aprovechar al máximo los recursos de los que dispone a su alrededor; interactivo con sus alumnos, de forma que establezca lazos empáticos y el desarrollo de las clases sea interpretado como una actividad ligera; y sin excluir a nadie del sentimiento afectivo y grupal, pues en la escuela inclusiva del siglo XXI nadie puede quedarse atrás por ninguna razón.