Navegación

Diálogo 10: Reflexiones en torno a la identidad docente

 

En línea con los temas tratados en otras reuniones, el grupo de colegas decide centrar este diálogo en la identidad docente como una de las principales vías para la mejora continua de la labor de estos profesionales. Partiendo de los propios orígenes de la identidad docente, María aporta un artículo centrado en el análisis de las motivaciones que tienen los jóvenes para querer ser maestros. María explica cómo en este artículo se apunta a diversos factores de motivación a través de relatos personales (vocación, el recuerdo de las primeras experiencias educativas, la influencia de modelos de referencia cercanos y el amor por los niños).

Antonio por su parte reconoce el rol de los factores mencionados en la construcción de la primera identidad docente de estos profesionales, pero incorpora una quinta motivación menos idealista: el deseo de encontrar un trabajo cómodo, estable y bien remunerado. Es entonces cuando comienza un debate en torno a las motivaciones personales de cada integrante del grupo para hacer pedagogía, que deriva en el reconocimiento del rol de la universidad en la construcción y potenciación de la vocación como elemento catalizador del rendimiento profesional.

Reflexiones en torno a la identidad docente I: la elección de ser docente

Llegados al punto actual del debate, Juana reflexiona en torno a la idoneidad de la formación inicial del profesorado y la necesidad de la misma de cambiar de forma continuada para adaptarse a la realidad cambiante que nos rodea.  Para analizar dicho aspecto, aporta un interesante artículo en el que se analiza la reformulación del rol de los docentes en la dinámica social actual: Aprender a ser maestra. Perplejidades y paradojas (Juana M. Sancho Gil y José Miguel Correa Gorospe; 2013).

Juana afirma que en su opinión, aunque desde la transición democrática se consiguieron grandes hitos educativos, no es menos cierto que de un tiempo a esta parte, el sistema educativo va a remolque de la sociedad y se muestra incapaz de adaptarse a sus cambios (menos aun ser referente de dichas transformaciones). Por ello, bajo su opinión el principal cambio que se necesita hacer sobre los centros educativos es hacerlos más permeables a su entorno, lo cual a su vez ayudaría a que todos los agentes sociales se sintiesen partícipes del sistema educativo.

Reflexiones en torno a la identidad docente II: aprender a ser maestra perplejidades y paradojas

 

Ahondando en los entresijos de la edificación de la identidad docente, nuestro grupo de colegas pasa a analizar otra publicación aportada por Juana y extraída de la misma publicación que el artículo previo: Identidades en el proceso de formación (María Adelina Castañeda Salgado, 2013). Tal y como se encarga de explicar Juana a sus compañeros, María Adelaida alude a la construcción de la identidad del docente no sólo mediante procesos de formación y reflexión personal sino también de contacto con otros profesionales para vivir la profesión de un modo colectivo. En esta línea, la edificación de la identidad docente en procesos de formación, gira en torno a tres ejes: el significado de forma y la identidad en la formación, los rasgos de identidad en el quehacer docente y la identidad narrativa en procesos de formación.

Aunque todos ven acertada esta visión amplia y social de la identidad docente, que de hecho está alineada con la creación de una imagen social reconocible de la labor docente, Antonio se pregunta en alto: ¿y bien, qué ramificaciones conceptuales tiene esta visión de la identidad docente chicos?

María es la primera en responder a esta cuestión abierta lanzada por Antonio. Bajo su punto de vista, una conceptualización social de la identidad docente introduce dicho fenómeno en el contexto de cambios profesionales, legislativos, sociales, culturales, demográficos y económicos que ocurren en su entorno. De entre estos elementos que conforman el entorno dinámico del docente, sus propios colegas serán los principales referentes profesionales y morales con los que se sentirá identificado y buscará de modo natural. Adicionalmente, el resultado de estas interacciones deriva en el hecho de que la identidad docente tenga diversas manifestaciones en función de las relaciones que se establecen entre uno mismo, el entorno y los agentes que lo constituyen dando lugar a: la biografía para otros, la relación para los otros, la biografía para sí y la relación para sí.

Entonces, Juana, conocedora del artículo de María Adelina Castañeda Salgado retoma el control de la conversación para comentar uno de los roles de la formación en el contexto de la formación grupal de identidades docentes. Y es que en este escenario, la formación permanente de los docentes debe ser una herramienta que les permita reflexionar y tomar el control de sus propias experiencias vitales para compartirlas, analizarlas y transformarlas en enseñanzas de vida.

De forma complementaria, Juana apunta a que, en el caso concreto de los docentes noveles, estos deben hacer frente a un “shock” fruto de la confrontación entre sus concepciones previas en torno a la docencia y su manifestación real. Es entonces cuando la adecuada disposición de sus colegas más experimentados resulta de mayor importancia para asentar una adecuada confianza profesional a través de la compartición de experiencias docentes, relatos vitales. En los casos en los que no ocurre así, es muy probable que se caiga en el desencanto y el malestar, especialmente si el nuevo docente no se siente valorado y respectado.

Reflexiones en torno a la identidad docente III: identidades en el proceso de formación

En todo caso, el rol de la política formativa en la construcción de la identidad docente debe comenzar en la formación inicial tal y como apunta Antonio que figura en el artículo: Formación inicial: entre la teoría y la práctica (Fernando Herraiz García y Sandra Martínez Pérez; 2013). La principal contribución de dicho documento al debate radica en la reflexión en torno a la formación inicial de los docentes y, muy especialmente, a la percepción que tienen los jóvenes docentes sobre la misma y sus carencias.

Casi inmediatamente todos los presentes, pedagogos de formación, coinciden en apuntan en la misma dirección: en la universidad se trasladan pocas experiencias prácticas, el peso dominante lo lleva la teoría con una diferencia aplastante. Adicionalmente, Antonio y María recuerdan lo perdidos que se sintieron en sus primeros meses como orientadores. En las propias palabras de Antonio: no esperaba que fuese a salir de la facultad con todo sabido pero en ocasiones me preguntaba si realmente tenía la menor idea de cómo ejercer de orientador en el mundo real.

Una vez el grupo empezó su lectura, el artículo de Fernando Herraiz García y Sandra Martínez Pérez no hacía sino confirmar sus impresiones personales trasladándolas al colectivo de maestros jóvenes. Igual que Antonio sentía saber mejor qué es un orientador y no cómo ser un orientador, los jóvenes maestros de infantil y primaria se sienten más formados en contenidos de las materias que deben impartir que en metodologías para impartir dichas materias.

A pesar de su primera impresión negativa, Antonio pronto matiza sus impresiones. En concreto su memoria le lleva a uno de sus profesores en la facultad. Su pasión fuera y dentro del aula resultaba contagiosa hasta el punto de ser determinante en la decisión de Antonio de seguir en pedagogía tras su primer año. De hecho, su relación de amistad se mantuvo tras la carrera siendo su primer apoyo durante sus primeras semanas como orientador: recuerdo que, por estar en un centro educativo bastante pequeño y ser novato, me sentía muy perdido pero ese profesor me apoyó proporcionándome consejos muy valiosos. Sin duda, una actitud cercana y apasionada por parte de los profesores durante la formación permanente junto con un acompañamiento de teoría y práctica pueden marcan una notable diferencia.

Como conclusión colectiva, todo el grupo coincide en que se debería apoyar en las universidades un rol más predominante de la práctica educativa acercando más a los estudiantes a los centros educativos. Igualmente, también apuntan a que se deberían impulsar programas de “tutorización” de jóvenes docentes de manera que reciban un acompañamiento especialmente cercano durante sus primeros pasos como profesionales evitando que todo quede al azar de lo que se encuentre cada uno en su centro educativo. Finalmente, la integración gradual de estos jóvenes docentes en redes de trabajo colectivo permitiría una mayor formalización del trabajo cooperativo y la innovación educativa.

Reflexiones en torno a la identidad docente IV: formación inicial, entre la teoría y la práctica

Ahora que llegamos al acompañamiento de jóvenes docentes en su primera etapa profesional enlazamos con el último artículo aportado al debate: La docencia, una experiencia compartida (Lorena Fernández, Asunción Martínez y Estibaliz Jiménez; 2013). Y es que tal y como expone Juana, este artículo está dedicado específicamente a analizar el intercambio de experiencias docentes entre profesionales y muy especialmente a su rol en la edificación de la identidad docente especialmente en el caso de profesorado novel.

Algunos integrantes del grupo como Antonio se ven claramente reflejados en el discurso que sigue el artículo de Lorena Fernández, Asunción Martínez y Estibaliz Jiménez. Tal y como se menciona, los docentes noveles tienden a buscar en los más experimentados sus figuras de referencia (del mismo modo que hizo Antonio con su antiguo profesor). En paralelo, es normal que aparezca un sentimiento de fracaso o al menos de inseguridad ante la tarea docente que, siendo compleja, difícilmente podrá desempeñarse desde el primer momento al nivel que muchos docentes noveles desearían.

Aportando su propia experiencia, Antonio defiende todos y cada uno de los aspectos plasmados en el artículo sintiéndose totalmente retratado. Al principio relata cómo se sentía perdido y desmotivado hasta que el apoyo de su antiguo profesor le ayudo a sentirse más seguro consigo mismo. Es entonces cuando comenzó a aventurarse a probar metodologías por su cuenta, a sondear que funcionaba en su centro educativo y con sus alumnos. Tras este proceso, Antonio afirma que lo más reconfortante es el descubrimiento, tras múltiples experiencias más o menos frustrantes, de una metodología o procedimiento que parece arrojar algo de luz a su trabajo. Se trata de un proceso lento y arduo pero que te premia con pequeñas conquistas que hay que aprender a valorar, cuando trabajas en este mundo tienes que aprender a sentirte cómo con el cambio, la transformación y la búsqueda constante de respuestas a nuevas preguntas.

Reflexiones en torno a la identidad docente V: la docencia, una experiencia compartida

 

  Diálogo 10