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4. Conclusiones

4. Conclusiones

Última actualización de en Alba Besada Estévez

Es 5 de diciembre de 2013, un día frio pero soleado que parece gris y taciturno para los integrantes de nuestro pequeño grupo de debate educativo. Después de tres meses de intensos debates afables y constructivos es hora de la despedida. Es cierto que todos van a estar en contacto por la red de redes no volverán a quedar en el café de siempre ya que todos menos María regresan a su tierra tras su estancia en el extranjero. Todos sienten que están perdiendo algo importante.

Es ahora cuando, en su último encuentro, hacen de forma instintiva recopilación de lo que han sido sus tardes de reflexión en el Café Don Budi. Todo comenzó a partir de unas charlas informales entre dos viejas compañeras de facultad queriendo el destino que, poco a poco, el grupo creciese en integrantes a medida que conocidos cercanos mostraban su interés por asistir.

El viaje que han realizado juntos ha resultado ser un camino de descubrimiento de los docentes, esa figura clave de la educación de la que ahora comprenden mejor sus sentimientos, demandas y problemas. Entender al docente implica comprender lo que demanda de él la sociedad y el propio sistema educativa así como las contradicciones y dificultades que tiene que enfrentar diariamente (reducido apoyo institucional, presión social, distorsión mediática de su imagen, débil imagen profesional, carencias formativas, jornadas plagadas de horas de docencia y poco espacio para la innovación y la reflexión…). Durante el transcurso de sus diálogos se ha asentado la percepción de que, en muchos sentidos, el docente es uno de los grandes olvidados. Olvidado por la sociedad que no se acerca a complementar su labor y que en ocasiones lo desprestigia aplicándole clichés con la complicidad de los medios y políticos. Olvidados, por qué no decirlo, por dar solos la cara por todo el sistema educativo y la propia sociedad con un apoyo institucional débil. No todo es negativo en torno a la docencia y España ha demostrado una inmensa capacidad para levantar un sistema educativo justo y con una calidad razonable pero actualmente se está quedando rezagado, no ya respecto a los países de las comparativas internacionales, sino respecto de la propia sociedad que cambia a un ritmo que las viejas estructuras educativas no pueden sostener. La sociedad está evolucionando rápidamente y el hecho de que lo haga a espaldas del sistema educativo (por no ser este más abierto ni la sociedad más comprometida) se están distanciando a ambas partes. Sociedad y sistema educativo parecen un matrimonio que se ama pero que ha perdido la magia y en donde las partes ni se entienden ni se buscan. Por eso es necesario que desde ambos frentes se conciencie a las partes de la necesidad de tender puentes y buscar una simbiosis estrecha entre ambos para que el sistema educativo no sea sólo una correa de transmisión de la historia social del pueblo español sino que también guie a las futuras generaciones por el camino de las virtudes sociales más elevadas como la fraternidad, el honor, el culto al esfuerzo, el espíritu de colaboración y la caridad.

Sin embargo, no es la sociedad y sus dirigentes los únicos que deben cambiar. Los propios docentes deben adaptarse a las demandas que emergen de la sociedad, es necesario dotares de mayores y mejores herramientas metodológicas, procedimentales y materiales pero estos a su vez deben responder desde el compromiso son un servicio público vital para la sociedad. Es en este aspecto, de dotación de instrumentos metodológicos y procedimentales donde nosotros, los pedagogos, podemos jugar un papel importante apoyando la labor de estos profesionales.

Igualmente, debe reforzarse en trabajo colegiado de todos los profesionales de la educación, no sólo porque permite acelerar y sistematizar la aplicación de nuevas metodologías, sino porque facilita que se asiente en la sociedad una imagen más estable y definida de los profesionales de la educación. De forma natural la sociedad, cada vez más formada, aprenderá a valorar y respetar en mayor medida el rol de los profesionales de la educación por lo que, aunque queda por delante un camino infinitamente largo de continuo reciclaje, debemos ser optimistas respecto del futuro de la educación y la sociedad. Diferentes sociedades han demostrado a lo largo de la historia que, unidos por un fin claramente definido, son capaces de alcanzar grandes logros.

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