3. ASESORAMIENTO VS ORIENTACIÓN

Hasta la finalización de este cuatrimestre de 5º de Psicopedagogía siempre he pensado que “asesorar” y “orientar” eran prácticamente, por no decir exactamente, lo mismo. Pero hemos cursado varias asignaturas en las cuales hemos podido observar y aprender las principales diferencias entre ambos términos.

 

Por una parte, sabemos que según la Real Academia Española el término “asesorar” se define de la siguiente manera:

  1. Dar consejo o dictamen.
  2. Tomar consejo del letrado asesor, o consultar su dictamen.
  3. Dicho de una persona: Tomar consejo de otra, o ilustrarse con su parecer.

 

En una de las prácticas realizadas a lo largo de la materia realizamos unas cuestiones en grupo, las cuales nos ayudaron a comprender un poquito mejor el ámbito de actuación del asesor. En estas preguntas tuvimos que investigar sobre los escenarios en los que se llevaban a cabo las tareas de asesoramiento, nombrar algunas de las tareas desarrolladas en cada una de ellas, elaborar una definición de lo que nuestro grupo de trabajo entendía por asesorar y buscar información para comprender más esta función.

 

Por otro lado, sabemos que un “asesor” es aquella persona que tiene la capacidad de actuar como un guía, poder proponernos una solución a un conflicto o problema específico y ofrecernos un punto de vista diferente. Donde éste nos ofrece información , consejo y “asesoramiento” sobre un tema determinado con la finalidad de ayudar a un individuo o un grupo. Tanto el asesor como el asesorado colaboran conjuntamente y se involucran en un proyecto en común por el bien del segundo. La función de asesorar consiste en participar, informar, orientar, interactuar, consultar, comunicar, comprender, dialogar, aconsejar, mejorar, actuar, resolver problemas, ayuda a tomar decisiones, identifica los puntos débiles y fuertes de cada uno de los clientes.

 

Recuerdo que uno de los días de clase dialogando de las diversas funciones del asesor, se llego a un pequeña conclusión (que en el momento me pareció muy obvia, pero pensándolo después con detenimiento me pareció que era una gran verdad), la cual decía algo así “el trabajo de un buen asesor acaba pronto”. Estuve reflexionando sobre esta frase, y como dije anteriormente me parece una gran verdad y una obviedad, ya que una persona que tiene dudas, problemas, necesidades de ser aconsejado, ayudado, etc. desea que éstos se solucionen pronto, en otras palabras el asesorado acude a un experto con la finalidad de que estos problemas o necesidades se extingan pronto o que vayan disminuyendo progresivamente. Si por el contrario, este proceso de asesoramiento se prologa demasiado tiempo quiere decir que esas dudas o problemas no disminuyen, es decir, el asesor no está realizando correctamente su trabajo.

 

Según Carles Monereo e Isabel Solé (1996) proponen un MODELO DE ASESORAMIENTO EDUCACIONAL CONSTRUCTIVO que se caracteriza por poner el énfasis en la optimización de las vías de comunicación y coordinación entre todos los agentes educativos que componen la comunidad escolar.

 

La misión del asesor o asesora que trabaje desde un enfoque constructivista será la de conseguir que el centro educativo desarrolle al máximo sus potencialidades, de ahí el paralelismo que puede establecerse entre el concepto de zona de desarrollo potencial y lo que sería una zona de desarrollo institucional, la distancia teórica existente entre los avances que puede realizar una institución educativa sin ayuda o con la ayuda de un asesoramiento eficaz.

 

Así, en este modelo el asesor deja de ser el técnico que dictamina y prescribe la intervención que se debe llevar a cabo, y concentra su atención en tratar de construir un contexto de colaboración, primero con los profesores y padres de los alumnos, y después con otros profesionales, donde compartir el significado y el sentido de la intervención psicopedagógica. Esto supone partir de un conocimiento negociado sobre las funciones y roles del otro, clarificando los límites y responsabilidades de cada uno y evitando la continua demanda de recetas y soluciones inmediatas que únicamente permiten colocar remiendos a los problemas.

 

Mientras que, por otra parte, el término “orientación” lo conocemos como: una práctica de resolución de problemas dirigida sobre todo a los estudiantes o a personas que siguen en formación. Y su origen esta basado en el “guidance” y en el “couselling”.

 

A continuación, expondré algunos modelos de orientación según diversos autores.

 

Como dice Isabel Solé (1998) es frecuente en la literatura, entre los profesionales y en discusiones académicas, referirse a: asesoramiento, enfoque o modelo clínico, modelo de "Counseling", modelo de consulta, enfoque o modelo educacional, institucional, enfoque de intervención directa, de intervención indirecta, modelos de servicios, modelos por programas, modelos tecnológicos, etc. Además, a esta diversidad hay que añadir la que se deriva de las teorías psicológicas de las que parte el profesional, de modo que por poner un ejemplo, se puede trabajar según un modelo de consulta desde una perspectiva rogeriana, desde una perspectiva conductual o desde una perspectiva constructivista.

 

Asimismo, los autores difieren en la propia definición del término "modelo". Según Isabel Solé (1998), en algunas propuestas "modelo" se asemeja más bien a plan o guía para la acción, mientras que otras parten de un concepto de "modelo" más cercano a la idea de teoría o marco explicativo de la realidad; en este caso, el modelo supone un posicionamiento teórico-conceptual cuyos parámetros delimitan tanto el ámbito de la intervención como las estrategias y procedimientos que se van a poner en marcha para llevarla a cabo.

 

Desde la primera postura, Álvarez y Bisquerra (1996), apoyándose en otros trabajos (Rodríguez Espinar y otros, 1993; Álvarez, 1995), proponen una clasificación de los modelos de intervención según que realicen una intervención directa o indirecta, dirigida a individuos particulares o a grupos, ubicada en la propia institución -interna- o fuera de ella -externa-, y atendiendo a la naturaleza misma de la intervención -reactiva (correctiva, remedial) versus proactiva (hacia la prevención y el desarrollo):

 

 

Ejes de intervención

Modelos

Directa-indirecta

Individual-Grupal

Interna-externa

Reactiva-proactiva

Clínico

Directa

Individual

Preferentemente externa, pero puede ser interna

reactiva

Servicios

Preferentemente directa, pero puede ser indirecta

Individual y grupal

Preferentemente externa, pero puede ser interna

reactiva

Programas

Preferentemente directa, pero puede ser indirecta

Preferentemente grupal (también puede ser individual)

Preferentemente interna, pero puede ser externa

Preferentemente proactiva (puede ser reactiva)

Consulta

Indirecta

Preferentemente grupal (también puede ser individual

Preferentemente interna, pero puede ser externa

 

Tecnológico

Remota

Indiferente

Externa

Proactiva

Psicopedagógico

Indirecta

Grupal

Interna

Proactiva

 

En la misma línea, Álvarez González, M. (1999) propone los siguientes modelos de Orientación Profesional que, en nuestra opinión, también pueden ser entendidos como Modelos de Orientación en un sentido general:

 

MODELO CLÍNICO:

En este modelo se establece una relación personal directa, en el cual intervienen dos personas de estatus diferente, el orientador y la persona orientada. La finalidad de la relación entre orientador y orientado es terapéutica, y de carácter puntual, solo se interviene cuando hay un problema. En este modelo la intervención se lleva a cabo únicamente con la comunicación, mediante la realización de una entrevista. Resumidamente, se trata de un modelo en el que se da un asesoramiento individualizado hacia individuos que necesitan algún tipo de ayuda.

 

MODELO DE SERVICIOS:

Una de las principales características de este modelo es la de ofrecer servicios de carácter público. Destaca en él, el desarrollo de una intervención orientadora dirigida a la solución de problemas y necesidades que presenta  un grupo determinado/específico de la población. Además, cabe señalar que no se tiene en cuenta el contexto en el que se originan estas necesidades.

 

MODELO DE PROGRAMAS:

En este modelo, la intervención se desarrolla en función de las necesidades del centro/servicio/institución, actuando por objetivos dentro de un continuo temporal, y teniendo en cuenta el contexto. También destaca que no sólo presenta un carácter terapéutico sino que además es de carácter preventivo y proactivo, ya que hace hincapié en la prevención y en el desarrollo. Este modelo permite una evaluación y seguimiento de lo realizado, actúa por objetivos y se centra en un colectivo. Se trata de un modelo que implica mucha coordinación entre el personal.

 

MODELO DE CONSULTA:

En este modelo se da una relación triádica, ya que intervienen tres tipos de agentes: consultor, consultante y cliente. Por ello, se entiende que se da una relación entre dos o más personas que plantean una serie de actividades con el fin de ayudar/asesorar a una tercera para afrontar las diversas problemáticas que ésta presente. Tiene como objetivo dotar al orientado de las competencias necesarias para que pueda afrontar por sí mismo sus problemas o necesidades. Tiene carácter terapéutico, remedial y preventivo, ya que este modelo tiene como propósito prevenir y desarrollar iniciativas y ambientes que capaciten a los orientadores en el desempeño de sus tareas profesionales. El destinatario puede ser un individuo o un grupo de individuos.

 

MODELO TECNOLÓGICO:

Este modelo destaca principalmente porque la intervención se da a través de medios tecnológicos, permitiendo poner a disposición del profesional unas estrategias y sistemas más dinámicos, participativos e interactivos en los procesos de aprendizaje, toma de decisiones, etc., en un periodo relativamente corto. A su vez libera al orientador de determinadas tareas de manera que tiene más tiempo para dedicarse a aquellas de carácter presencial.

 

Para Isabel Solé (1998) estas clasificaciones pueden resultar confusas en la definición de algunos de los modelos. Además, esta autora considera que en este tipo de clasificaciones subyace la convicción de que el psicopedagogo utilizará uno u otro modelo en función de la situación concreta que deba afrontar, cuando los propios avances en la Investigación y en la teorización conducen a primar unas explicaciones por encima de otras, sin que ello quiera decir que se trate de explicaciones cerradas.

 

Así, considerando que las denominaciones “servicios", "programas" y "tecnológico" no tienen  el rango de modelos sino más bien de propuestas concretas de estructurar la intervención desde un modelo concreto, Isabel Solé (1998) propone una distinción entre modelo educacional y modelo clínico o asistencial:

 

MODELO CLÍNICO O ASISTENCIAL:

Este modelo hace especial hincapié en los aspectos psicológicos de la intervención, con una interpretación restrictiva incluso de la faceta psicológica, ya que la intervención se centra exclusivamente en las dificultades de los alumnos y en realizar, por tanto, la rehabilita­ción que se considera necesaria, prescindiendo en consecuencia del es­tudio de las restantes variables que influyen en el proceso educativo.

El objeto de intervención es el sujeto. La escuela aparece entonces como el "lugar físico" en que se produce la intervención. Los conocimientos y estrategias necesarios para la interven­ción se encuentran en disciplinas vinculadas a la psicología del desa­rrollo a las diferentes teorías sobre la personalidad, al estudio y diagnóstico de las diferencias individuales, a estrategias de reeducación y psicoterapia... En este contexto, el profesional se sitúa como "experto" de un ámbito que no puede ser compartido con los demás profesionales que trabajan en la institución.

 

MODELO EDUCACIONAL

Este modelo hace hincapié en los conocimientos y estrategias que remiten fundamentalmente al conoci­miento psicoeducativo: teorías de la instrucción, explicaciones sobre los procesos de enseñanza y aprendizaje, conocimiento sobre los fac­tores y variables que en ellos intervienen, formación que permita identificar y actuar sobre las dificultades de aprendizaje, de relación y las vinculadas a las capacidades de equilibrio personal. Son necesarios también conocimientos sobre el sistema educativo, sobre la organiza­ción y dinámicas institucionales.

Su objeto de intervención son los procesos de enseñanza y aprendizaje que la escuela diseña y pone en marcha, así como la institución en su conjunto, ambos enmarcados en un contexto determinado. Así, el psicopedagogo, aunque es un "experto" en su ma­teria, define su tarea como complementaria a la de otros profesiona­les de la escuela, con quienes colabora.

 

Para Isabel Solé (1998), estos dos modelos remitirían a los que Álvarez y Bisquerra (1996) denominarían “counselling” o clínico y psicopedagógico, respectivamente.  En cambio, con el término "consulta" se plantea un problema distinto. En la literatura anglosajona se delimita con la denominación consulta un tipo de intervención vinculada a diversos ámbitos -salud mental, organizacional, educativo- que se caracteriza por su carácter triádico: el consultante, que suele ser un profesional, se dirige al consultor para plantearle un problema que afecta a una tercera persona o sistema, adoptándose un tipo de intervención fundamentalmente indirecta. Sin embargo, para Isabel Solé (1998) la consulta no define un modelo de intervención ya que puede tomar formas muy distintas, según el valor que tomen diferentes parámetros (contexto de trabajo, bagaje educacional, objetivos concretos y marcos conceptuales de los consultores), pudiendo dar lugar a modelos bien distintos entre sí.

 

Asimismo, Isabel Solé (1998) considera que el Modelo Educacional, formulado a niveles generales, necesita de una concreción para responder a los problemas que se deben abordar. Se trata del MODELO EDUCACIONAL CONSTRUCTIVISTA que remite a la Concepción Constructivista del Aprendizaje Escolar y de la Enseñanza como marco de referencia psicopedagógico desde el que es posible comprender por qué y cómo aprenden las personas en situaciones educativas institucionalizadas. Es decir, supone disponer de una explicación a cuestiones importantes como el grado en que se toman en consideración los aspectos contextuales y los agentes educativos, lo que se considera que constituyen informaciones pertinentes para el psicopedagogo y los instrumentos que aparecen como más adecuados para su obtención; el rol que asume el profesional y las relaciones que establece con otros agentes (profesionales o no) implicados en el caso, entre otros aspectos.

 

Para finalizar, esta indagación sobre los Modelos de Orientación e Intervención Psicopedagógica creemos necesario hacer referencia a la clasificación de Juan Carlos Pardo y Alfonso Tobío en “modelo clínico”, “modelo psicopedagógico” y “modelo sociopsicopedagógico”:

 

Como el primero de ellos ya ha sido caracterizado procedemos a definir los otros dos:

 

MODELO PSICOPEDAGÓGICO

También denominado constructivista, ecológico o contextual. En este modelo se establece una estrecha relación entre el currículum y la intervención psicopedagóxica, incorporando las variables contextuales al análisis previo a la intervención. Se centra en las interacciones que se producen entre los alumnos y los distintos agentes educativos.

Desde este modelo el psicopedagogo contribuye a una enseñanza diversificada y de calidad, ajustada a los diversos usuarios, además de ser un asesor para el cambio de la institución. Postula focalizar los esfuerzos de la intervención en la prevención de las dificultades mejorando las condiciones en las que se llevan a cabo los procesos de enseñanza-aprendizaje.

El objetivo último de este tipo de intervención es modificar las formas y pautas de actuación de la escuela, de forma que se adapten a las características y necesidades educativas, a la diversidad de capacidades, intereses y motivaciones de los alumnos. La intervención sólo puede ser válida si se realiza en los contextos donde habitualmente el alumnado desarrolla sus actividades y a través de las personas que de forma cotidiana se relacionan. El currículum se considera como algo inacabado y en constante revisión y actualización, en consonancia con los cambios que se producen en la comunidad.

 

MODELO SOCIOPSICOPEDAGÓGICO

Este modelo entiende que hay que realizar el trabajo con y en la institución escolar, utilizando los recursos existentes para el bien del proceso educativo y el mayor aprovechamiento de las potencialidades individuales. Su objetivo fundamental consiste en fortalecer el funcionamiento de la institución para que sea capaz de afrontar sus responsabilidades colectivas y buscar soluciones a los conflictos planteados. Cabe destacar que la comprensión de los problemas de la escuela exige reconocer y comprender las relaciones que esta tiene con la comunidad y con el entorno social en el que se encuentra.

 

El trabajo del psicopedagogo en la institución consistirá en desarrollar aquellas actividades que contribuyan a: ampliar el campo de la conciencia colectiva, reconstruir y comprender la propia historia, adaptación a las necesidades que se generan, hacer proyectos lo más realistas posibles, etc.

 

Es preciso que la escuela esté en contacto con el exterior para así ofrecer un verdadero conocimiento de la realidad. Toda la comunidad debe trabajar en estrecha relación con la escuela, creando la conciencia de formar parte de un conjunto en el que el sentimiento de pertenencia a esa comunidad debe traducirse en la búsqueda de líneas de trabajo común. Es decir, la escuela se convierte en un servicio de y para toda la comunidad.

 

A parte de los ya mencionados, después de realizar nuestra investigación sobre los modelos de orientación profesional, podemos citar los siguientes modelos que salieron a la luz en la clase de la semana pasada:

  • Escudero Muñoz (1986), distingue tres tipos de modelos de orientación: “clínico-médico”, “humanista” y “psicométrico”.
  • Rodríguez Espinar y Álvarez Echevarría (1993) se refieren a los modelos según el tipo de intervención pudiendo ser “intervención directa y individual”, “directa y grupal”, “intervención indirecta grupal”, “intervención indirecta individual” (que se puede relacionar con el modelo de consulta) y el  modelo de intervención de medios tecnológicos (que se puede relacionar con el modelo tecnológico).
  • Por otra parte, los tipos de modelos según Monereo en el año 1996 son “asistencial”, “de consejo, consultivo” y “constructivista”.
  • Según Álvarez y Bisquerra (1997), en un trabajo posterior al citado, se distinguen tres tipos, que son “técnico”, “intervención” y “organizativo”.
  • Sobrado (1998) diferencia entre “modelo clínico o counselling” , “programas y servicios”, “consulta directa individual o grupal” y “intervención de autoayuda a través de procedimientos tecnológicos”.

 

“Lo peor es educar por métodos basados en el temor, la fuerza, la autoridad, porque se destruye la sinceridad y la confianza, y sólo se consigue una falsa sumisión”.

Albert Einstein (1879-1955) Físico y matemático alemán.

 

“Todo error deja una enseñanza, toda enseñanza deja una experiencia y toda experiencia deja una huella”.

Anónimo.