¿Hay innovación cuando integramos tecnología en una propuesta de formación?

    Mar Germade Fuentes
    Por Mar Germade Fuentes

    Para dar respuesta a la pregunta que se nos plantea y que da título a este blog, debemos partir de la base de conocer el significado de la palabra innovación y lo que esta supone; en la lengua española, el término innovación hace referencia a la acción y al efecto de innovar, mudar o alterar algo introduciendo novedades. Teniendo en cuenta esto, podemos sustentar el desarrollo de esta entrada en la siguiente afirmación: la innovación no es la misma para todos. Con esto queremos decir que, lo que para una persona puede ser completamente novedoso, para otra, en otra parte del mundo o incluso en la misma, puede ser cotidiano, y de esto dependen muchos factores, tales como el lugar de residencia, condiciones económicas y sociales, formación,… 

    En este contexto, la tecnología puede suponer una novedad para alguien y una cuestión rutinaria para muchas otras personas, y a partir de aquí podemos empezar a dar respuesta a la pregunta que plantea si hay o no innovación cuando integramos la tecnología en una propuesta de formación: depende. Todo depende siempre. 

    En nuestro país, nosotros, los alumnos españoles, estamos acostumbrados, en mayor o menor medida, a la utilización de la tecnología en nuestras actividades académicas, de hecho, se nos haría muy difícil la realización de nuestras tareas sin esta. En este caso, la utilización de la tecnología en sí misma no supondría una gran innovación, sí nuevas formas de la misma aún desconocidas y no tan empleadas de forma cotidiana; la tecnología está creciendo a pasos agigantados, y cuando esta se presente de formas distintas a las de hasta ahora conocidas, sí que existirá una innovación, de la misma forma que existió en su día, por ejemplo, cuando empezaron a utilizarse plataformas digitales como el campus virtual. En cambio, en países como bien puede ser Kenya, herramientas tecnológicas como el campus virtual, o simplemente un PowerPoint, sí que supondrían una gran innovación dada la prácticamente inexistente presencia de la tecnología en los ámbitos formativos debida a las condiciones del país.

    Teniendo claro ya que la innovación es plenamente subjetiva, tenemos que saber que la existencia de innovación no implica la eficacia. Cuando se decide llevar a cabo una innovación, debe tenerse en cuenta que para que esta sea auténtica, tiene que estar asociada a una necesidad, a un problema que necesita de una solución, y si ese problema se solventa, es cuando podemos considerar esta innovación como eficaz y fructífera, de lo contrario, la innovación no habrá valido la pena, y, por lo tanto, no se implantará en el ámbito pensado.  (Montero, L.& Gewerc, A. 2010).

     

    A modo de conclusión, y teniendo en cuenta todo lo tratado con anterioridad, podemos decir que, como las innovaciones surgen como posibles soluciones a diversos problemas, y siendo conscientes de que los problemas varían en función de diversos factores, la integración de la tecnología en una propuesta de formación no siempre va a suponer una innovación. Y es importante ser conscientes de que innovar no siempre significa mejorar, a veces son los métodos más cotidianos los que mejor se adecúan a nuestro modo de vida y los más adecuados para solventar problemas que se nos puedan presentar.

     

    Bibliografía:

     

    Montero, L. y Gewerc, A. (2010) de la innovación deseada a la Innovación posible. Escuelas alteradas Por las TIC. Revisa de Curriculum y Formación del Profesorado 13 (1)- 

     

     

    Webgrafía:

    https://dle.rae.es/?id=LgzBfa6

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