Identidad Digital

 

En la era de las comunicaciones, nuestra presencia online se acerca cada vez más a la física, llegando a sobrepasarse en algunos ámbitos de la vida pública y privada. Para entender este fenómeno, tenemos que tener claros dos conceptos: identidad digital y reputación online.

Cuando hablamos de identidad digital, nos estamos refiriendo a toda aquella información sobre nuestra persona resultante de nuestras vivencias en la red, siendo un reflejo de nuestra divulgación de contenidos personales a través de nuestros perfiles en redes sociales, así como la interrelación con otros usuarios (no olvidemos que a no ser que se hagan los pertinentes ajustes en privacidad, nuestros “me gustas” o comentarios en facebook quedan también expuestos) y los contenidos que la red pueda disponer de nuestra persona (publicaciones de terceros, textos periodísticos...).

Así, en contraposición con la identidad analógica, basada tradicionalmente en hechos constatados y documentados; el entorno en el cual se forja nuestra identidad digital, plagado de canales multidireccionales y abiertos, constituye un concepto muy amplio el cual nunca nadie nos ha enseñado a gestionar.

Identidad analógica e identidad digital pueden formar parte de una misma realidad, tratándose así de identidad híbrida; pero resulta cada vez más complicado discernir qué perfiles se corresponden con una realidad física, y quién utiliza la red para la construcción de una realidad propia.

Según la OCDE, las propiedades de la identidad digital son las siguientes:

  • Social: las proyecciones personales, especialmente en las redes sociales, hacen a los individuos facilmente identificables por la audiencia, aun cuando no se ha producido una verificación de la identidad.

  • Valiosa: dependiendo del grado de fiabilidad de la información emitida, nos permite tomar decisiones acerca de nuestras relaciones.

  • Subjectiva: se basa en la percepción que cada usuario tiene de nuestra información.

  • Referencial: no se trata nosotros, si no de nuestra imagen.

  • Compuesta: puede ser información aportada por nosotros mismos o terceros

  • Conlleva consecuencias: tanto la divulgación como la no divulgación (percepción social)

  • Dinámica: se encuentra en cambio constante.

  • Contextual: la información descontextualizada

Además, otra característica a considerar de la identidad digital, es que se trata de una identidad múltiple. Los usuarios tendemos a ofrecer identidades parciales en cada uno de nuestros perfiles en las redes sociales, fundamentalmente. Todas estas piezas juntas forman la idea que ofrecemos al mundo de nuestra persona, así, es relativamente fácil reconstruír el día a día de una persona atendiendo a las fotografías colgadas en su instagram, en las cuales no es raro añadir la ubicación de la misma; sus publicaciones en facebook y las opiniones vertidas en twitter; convirtiendo la identidad personal en una suerte de narrativa transmedia que nos ofrece una imagen personal, social e ideológica.

Atendiendo al segundo término de atención, la reputación online es la opinión que se tiene de alguien o algo a partir de los elementos de su identidad digital. Dos de las principales diferencias entre la reputación online y la reputación analógica es que en la red, es una reputación acumulativa y no lineal, pues todo deja rastro en internet y es fácil que informaciones del pasado salgan a la luz; y además la repercusión que esta información puede llegar a tener rebasa las fronteras de la proximidad en las cuales la reputación física se quedaba limitada.

Entre los factores determinantes de nuestra reputación online, aparece un término novedoso que se refiere a la externalización de nuestra intimidad: extimidad, un hecho muy extendido en la sociedad actual y que supone una preocupación más del siglo XXI, especialmente cuando esta exposición pública se da en menores, colectivo desprotegido a la hora de establecer relaciones en las redes. Además, nuestra reputación online se ve también comprometida por información generada por terceros y la información que subyace de nuestras interacciones en las redes.

Es por esto que para un correcto desarollo de nuestra existencia dentro de la red, es imprescindible la formación de una competencia social madura más allá de las pantallas, y recibir en nuestra educación los preceptos que nos ayuden a discernir entre lo público y privado, existiendo todavía una falsa sensación de seguridad localista dentro de nuestras intervenciones online. Lo que escribimos en nuestras casas puede llegar al mundo entero.

Dicho esto, tenemos que aprender también a diferenciar realidad de ficción, y evitar centrarnos en prejuicios que surjan de la lectura que hacemos de la identidad digital de los demás, pues es tan solo la punta del iceberg.

Nuestra narrativa digital giró en torno de esta temática, mostrándonos que las etiquetas son muy fáciles de colgar, pero no siempre tienen que ser acertadas.

Bibliografía

RUNDLE, M.; TREVITHICK, P. At a crossroads: ‘Personhood’ and digital identity in the information society, STI Working Paper 2007/7. Directorate for Science, Technology and Industry. OECD, 2008. 

INTECO. Guia para usuarios: identidad digital y reputación online. Julio 2012. Recuperado de: https://www.incibe.es/CERT/guias_estudios/guias/Guia_Identidad_Reputacion_usuarios