Asesoramiento Curricular

                En la entrada de hoy pretendo acercarme más al término de asesoramiento curricular, del cual hablamos en la última clase.

                La  sustancia  del  cambio educativo necesario  para la mejora  de la  escuela  y  de la  sociedad está  en  el  curriculum,  en las  oportunidades  de aprendizaje que la escuela ofrece y lleva a cabo para la mejora de la calidad de la vida de los ciudadanos.  En la actualidad se ve la escuela como el lugar donde debe decidirse el curriculum. Y es a través del curriculum como se establecen las relaciones entre sociedad, comunidad y escuela. El desarrollo del curriculum escolar plantea así, la necesidad de llegar a un proyecto conjunto, definido en la propia escuela, con la participación de todos los implicados. Y es en base a esa necesidad de mejora, de colaboración y participación, cuándo surge el asesoramiento curricular.

            El asesoramiento curricular se centra en la escuela desde una óptica colaborativa, es decir, la dimensión colaborativa y la institucional se aúnan para generar un modelo que asume la cooperación como estrategia básica de aprendizaje y desarrollo profesional, y que tiene como foco una visión global de la escuela de la que se destaca su capacidad para aprender. Se  entiende a la comunidad educativa como un todo que debe unir sus fuerzas para luchar por una calidad educativa, y con una inmensa capacidad de aprendizaje e innovación. En palabras de Moreno Olmedilla (2004), el asesoramiento es el proceso de ayuda y apoyo a la re-construción del currículum realizado por los centros educativos. Todos los apoyos que se dirigen a la elaboración y puesta en práctica de proyectos curriculares estarían en el ámbito del asesoramiento curricular.

            La actuación de asesoramiento se dirige así al desarrollo de la mejora de la escuela mediante la capacitación profesional de los profesores, facilitando dicho proceso. El asesor convive con el centro para ayudar a promover procesos de autorrevisión y mejora, consistiendo su labor en contribuir a crear las condiciones necesarias para capacitar al centro y a los profesores a resolver los problemas por sí mismos, y no en ofrecer las soluciones a ellos. Es decir, los asesores tratan de proporcionar ayuda a los profesores, así como técnicas y estrategias que les permitan resolver por sí mismos los problemas que puedan surgir. No se trata de solucionar cada problema que vaya apareciendo, sino de formar y equipar a los profesores de métodos y consejos que les permiten actuar por sí mismos. Como apunta Bolívar (1999) se trata de trabajar con, en lugar de intervenir en; de desarrollar, más que de aplicar. El asesor se convierte de esta forma en un facilitador del desarrollo de innovaciones educativas, a la vez que dinamizador de la acción didáctica de un centro, proporcionando apoyo y recursos, promoviendo un trabajo cooperativo que incremente la colaboración y estableciendo un clima propicio para el desarrollo profesional. El asesor curricular no debe ser un líder en el sentido de ser el agente  responsable de todas las tareas, sino que, en palabras de Senge (1995) y Heron (1994), debe ser un facilitador con un rol de ayuda a los participantes en un grupo experiencial, un grupo que aprende a través de una implicación activa y consciente de toda la persona. El facilitador debe confiar en la habilidad del grupo para encontrar su propia dirección y resolución, poseer un sentido de comunidad y no tener ideas preconcebidas.

            Estamos asistiendo desde hace algún tiempo al alejamiento del modelo único y preferente de asesoramiento centrado en el individuo, que considera a éste como susceptible y receptor de apoyo, y no a la escuela en su conjunto. Este modelo de apoyo fragmentario y reduccionista, jerárquico, y basado en el conocimiento experto, se considera actualmente como un modelo inválido para generar cambios en nuestros centros educativos considerados en su globalidad.

            Por lo tanto, asistimos al alejamiento del modelo individual para acercarnos cada vez más a modelos de asesoramiento que ven a la escuela y sus propuestas curriculares como los objetos de atención. El asesoramiento ya no es al individuo sino a la escuela y al currículum. Nos acercamos al ya explicado asesoramiento curricular (Wilson, 1984; Parrilla 1996), que cuestiona la propia idea de asesoramiento, su naturaleza, los participantes, su carácter y la metodología. Parece que por fin, la idea de trabajar cooperativa y colaborativamente, centrándose en la escuela en su conjunto comienza a ganar la batalla, dejando atrás un apoyo individual de carácter terapéutico, en el cual los asesores ejercían su trabajo de forma jerárquica y como expertos. Así, vamos evolucionando poco a poco, si la crisis nos lo permite, hacia una mejor calidad educativa.

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El punto de mira del asesoramiento es el currículum.