Un paso más hacia la innovación y la mejora...

Un paso más hacia la innovación y la mejora:

Algunas condiciones estratégicas de cara el asesoramiento

Ahora que ya sabemos cuáles son los distintos niveles de actuación que nos permitirán redimensionar nuestros roles como futuros asesores dentro de las organizaciones educativas (ver entrada anterior) y a propósito de la propuesta de una de nuestras compañeras (Enalia Álvarez) me parece fundamental especificar algunas  de las condiciones estratégicas que nos permitirán caminar hacia la innovación y la mejora dentro del proceso del asesoramiento curricular

Así, en primer lugar debemos seleccionar uno o varios modelos que vayan a guiar nuestra acción como futuros asesores y asesoras educativas. En este punto, es fundamental recordar que no existen modelos puros ni válidos para todas las ocasiones, y que en función del momento y de las características concretas ante las que nuestra organización se sitúe, echaremos mano de unos u de otros. No obstante, desde la perspectiva adoptada por Juan Manuel Moreno Olmedilla (2004) será adecuado "recoger toda la tradición de un modelo de proceso (Escudero y Moreno, 1992; Rodríguez, 1996) precisada y resituada en un nuevo marco (Bolivar, 1999; Moreno, 1999), con la pretensión de incrementar la capacidad del centro para resolver los problemas por sí mismo", es decir para dotarlo de empoderamiento.

Por tanto, siguiendo este modelo, debemos entender la mejora educativa  como un proceso de cambio en que todos, profesores, comunidad y centro, aprendan a resolver disfunciones y problemas, encontrando sus propias autosoluciones y dotándose de diversas herramientas de reflexión, acción y reconstrucción compartida, que constituirán el propio proceso, que siempre estará presidido por los principios de colaboración, participación, reflexión, y compromiso. Pero, ¿cómo lograr realmente la mejora educativa y los principios que la sustentan?

Para responder a esta pregunta diversos autores han propuesto una serie de fases recurrentes y flexibles que en todo proceso de mejora han de estar presentes. Entre las citadas por Moreno Olmedilla (2004), destacamos las  siguientes:

  1. Generar la necesidad de hablar de mejora
  2. Autorrevisión colegiada de la práctica con la consiguiente identificación de necesidades y ámbitos de mejora
  3. Clarificación en la historia del centro de experiencias positivas y de elementos que favorezcan o dificulten la realidad del aula.
  4. Planificación y preparación para el desarrollo de la acción a través de un plan de acción.
  5. Puesta en práctica del plan
  6. Evaluación del proceso e institucionalización de la propuesta.

                                        Ciclo recurrente de mejora

No obstante, para llevar a cabo este proceso de mejora y sus fases, hace falta un esfuerzo sostenido, nunca puntual, que implique la figura de agentes de apoyo que actúen como interconectores  que conocen las redes informales de aprendizaje, difunden las prácticas innovadoras, capten a los interesados y que generen compromiso interno y externo, mediante la combinación de entusiasmo, energía y esperanza en un proyecto común y consensuado.

Por tanto, y derivado de la necesidad de que el desarrollo de este apoyo sea respetuoso con la realidad y condiciones del centro educativo, razonado dentro de la cobertura institucional del mismo y centrándose en los elementos curriculares y organizativos; el asesor se resitúa en un nuevo marco caracterizado por:

  • El cambio de la figura del asesor: de un menor aplicador de la reforma pasa a un inductor, dinamizador y facilitador de la innovación. Media y apoya el aprendizaje continuo,  fomenta la autocapacitación, promueve el trabajo colaborativo y ofrece incentivos de mejora e innovación.
  • La estimulación y apoyo de una comunicación fluida, bidireccional y horizontal de experiencias y conocimientos psicopedagógicos.
  • La concepción del proyecto educativo como una oportunidad para deliberar, reflexionar y decidir participativamente cómo van las cosas, qué conviene hacer, y hacia dónde hay que dirigirse.
  • La importancia otorgada a la colaboración: va más allá de ser una simple estrategia de trabajo y se convierte en un compromiso ideológico difícil de alcanzar puesto que requiere ir conquistándose y construyéndose progresivamente.
  • El asesor debe saber asumir y practicar EL ARTE DE HACERSE PRESCINDIBLE sin que desaparezca EL ORIENTADO EMPUEJE INNOVADOR DEL CENTRO.

Finalmente, la propuesta que se propone, supone adoptar una visión ideológica, estratégica y dialéctica en relación a procesos de autorrevisión de la práctica que por su delicadeza y complejidad, implica que el asesor/a asuma un nuevo rol: el colega crítico que actúa bajo los parámetros de…

  • Cambiar de chip, de la formación al aprendizaje: se propugna una cultura basada en el aprendizaje que vea el desarrollo como una prioridad interna permanente y que anteponga a todo, el derecho de un buen aprendizaje para todo el alumnado. Se pasa de la mera formación al desarrollo integral y armónico de TODO el alumnado.
  • “Trabajar con” en lugar de “intervenir en”: en tanto que el verdadero agente de mejora es la comunidad educativa, su compromiso y acción. El asesor debe hacer que esta comunidad realmente lo sea y que el profesorado y demás profesionales se planteen como reto su propio aprendizaje para, consecuentemente, promocionar unos aprendizajes óptimos en todo el alumnado. Hablamos entonces de la necesaria creación de comunidades de aprendizaje democrático: que todos aprendan con todos.
  • Colaborar en desarrollar, no aplicar: el asesor debe actuar como apoyo y soporte para el cambio, despojándose de su concepción de “experto infalible” (que excluye al profesorado de la posibilidad de actuación) y adoptando una posición de mediador y facilitador de procesos, que no dirige tales procesos pero si coparticipa con el resto de la comunidad de aprendizaje en un proceso de liderazgo compartido.
  • Equilibrar las iniciativas innovadoras locales dentro de un marco objetivo aceptado como válido al igual que equilibrar las necesidades de mejora con las características y posibilidades del centro concreto del que formemos parte.

No obstante y ya para acabar, me parece idóneo recoger en esta entrada una serie de recomendaciones que serán necesarias adoptar para llevar a cabo eficazmente la labor de la que venimos hablando. Estas son:

  • Actuar desde los primeros contactos iniciales, abriéndose al centro y formando parte de él.
  • No saber de partida (no anticiparse ni ir de experto) para facilitar la comprensión y la negociación de significados.
  • Evitar la impaciencia técnica y no precipitarse: dar tiempo al tiempo y fomentar las relaciones horizontales
  • Ver las resistencias como fuentes de mejora y de superación
  • No centrarse en los contenidos sino en el propio proceso de autocapacitación profesional e institucional.

 

Estas y otras estrategias y recomendaciones, serán las que tendremos que ir guardando en nuestra mochila de viaje ya que al fin y al cabo constituirán herramientas fundamentales para la práctica asesora...

!A dentro entonces!

                                  La mochila del asesor

 

 

 

 

 Bibliografía empleada:

  • Moreno Olmedilla, J.M (2004): Organización y gestión de centros educativos. Madrid:UNED
  • Montero, L y Sanz, M.D. (2008): Entre la realidad y el deseo. Una visión del asesoramiento. Profesorado. revista de Currículum y Formación del profesorado, 12 (2)
  • Domingo, J (2010): Comprender y redireccionar las prácticas de asesoría. Revista Iberoamericana de Educación, n.45 pág.65-83.