Resiliencia

             La palabra resiliencia deriva del latín, de resilire que significa 'volver a entrar saltando' o 'saltar hacia arriba'. Resiliencia es un término que viene de la física, de resilio, cuyo significado es 'volver al  estado original', recuperar la forma originaria y se refiere a "la capacidad de los materiales de volver a  su forma cuando son forzados a deformarse". Pero en el campo psicosocial, la resiliencia se define como "la capacidad humana para  enfrentar, sobreponerse y ser fortalecido o transformado por experiencias de adversidad";  el concepto de resiliencia alude a la capacidad que muestran algunas personas para sobreponerse a situaciones traumáticas frente a las cuales la mayoría no puede resistir.

            Entonces la resiliencia se entreteje. No es algo que hay que buscar solamente en el interior de la  persona ni en su entorno, sino entre los dos, porque esta capacidad anuda el proceso íntimo con el  proceso social. 

            Para Richardson y colaboradores (1990)(*) es el “proceso de lidiar con acontecimientos vitales disociadores, estresantes o amenazadores de un modo que proporciona al individuo destrezas protectoras y defensivas adicionales a las previas a la disociación resultante del acontecimiento”. Para Higgins (1994)(*), es “el proceso de autoencauzarse y crecer”. Para Wolin y Wolin (1994)(*), es la “capacidad de sobreponerse, de soportar penas y de enmendarse a uno mismo”. Con respecto a lo educativo, Rirkin y Hoopman (1991)(*), dicen: “La resiliencia puede definirse como la capacidad de recuperarse, sobreponerse y adaptarse con éxito frente a la adversidad y de desarrollar competencia social, académica y vocacional pese a estar expuesto a un estrés grave o simplemente a las tensiones inherentes al mundo de hoy”

            Las principales características de una persona resiliente son:

  • La presencia de la idea de futuro: pensar qué va a hacer cuando salga del conflicto
  • La capacidad para relatar lo que le sucede o le sucedió.
  • Autoestima y confianza para superar las situaciones.

            Se distinguen tres componentes esenciales que deben presentarse en el concepto de resilencia:

1. la noción de adversidad, trauma, riesgo o amenaza al desarrollo humano; 

2. la adaptación positiva o superación de la adversidad, y 

3. el proceso que considera la dinámica entre mecanismos emocionales, cognitivos y  socioculturales que influyen sobre el desarrollo humano. 

Las principales estrategias para mitigar el riesgo y construir la resiliencia son las siguientes:

  • Enriquecer los vínculos.
  • Fijar límites claros y firmes.
  • Enseñar habilidades para la vida: cooperación, resolución de conflictos, destrezas comunicacionales, habilidades para resolver problemas y adoptar decisiones y un manejo sano del estrés.

            El desarrollo de la capacidad lúdica y creativa, el sentido del humor, la espontánea expresión de  sentimientos y emociones, el fortalecimiento de la  autoestima y la autonomía son promotores de resiliencia.

Las personas que han logrado salir airosas de grandes cuentan que, para ello es fundamental la capacidad de innovación, de creación, de adaptación (para afrontar lo nuevo aprovechando todo lo que trae como enseñanza); capacidad para superar las impotencias y obstáculos, no dándose fácilmente por vencido; habilidad para estimular a los más quebrados, sin abandonarlos; capacidad de aprovechar y generar recursos, de construir definiciones colectivas de límites, pautas, roles, objetivos, necesidades y estrategias; capacidad de proyectarse en el tiempo y anticipar otro momento en que la situación haya cambiado, es decir, de experimentar esperanza. 

            La resiliencia tiene una seri de características que son las siguientes:

• introspección: arte de preguntarse a sí mismo y de darse una respuesta honesta; 

• independencia: saber fijar límites entre uno mismo y el medio con problemas, capacidad de mantener distancia emocional y física sin caer en el aislamiento; 

• capacidad de relacionarse: habilidad para establecer lazos e intimidad con otra gente, para equilibrar la propia necesidad de afecto con la actitud de brindarse a otros; 

• iniciativa: gusto de exigirse y ponerse a prueba en tareas progresivamente más exigentes; 

• humor: encontrar lo cómico en la propia tragedia;

• creatividad: capacidad para crear orden, belleza y  finalidad a partir del caos y del desorden; 

• moralidad: consecuencia para extender el deseo personal de bienestar a toda la humanidad y capacidad de comprometerse con valores; este elemento ya es importante desde la infancia, pero sobre todo, a partir de los lo años; 

• autoestima consistente -agregamos nosotros-: base de los demás pilares y fruto y cuidado consecuente del niño por parte de un adulto significativo. 

            Tomar en cuenta la resiliencia es centrarse en cada individuo como alguien único, enfatizar sus potencialidades y recursos personales que le permiten enfrentar situaciones adversas y salir fortalecidos a pesar de estar expuestos a situaciones de riesgo. 

            Por lo tanto, el malestar docente “se cura” o, al menos, no tiene por qué ser permanente. La sensación de agobio, la falta de reconocimiento y de perspectivas, las situaciones de violencia, son algunos de los promotores del estrés que pueden convertirse en la antesala a las carpetas psiquiátricas. Y si el maestro no está bien, los alumnos no lo estarán. Es importante desarrollar la capacidad de resiliencia en los docentes, ya que son quienes tienen que sortear múltiples situaciones adversas y fortalecerse para enfrentarlas con el mejor éxito posible. Y además, debemos prevenir ese malestar, debe fomentar y desarrollar la capacidad de resilencia antes de que sea demasiado tarde.