Burnout

En la última clase se ha focalizado la temática a tratar en el bienestar y malestar docente. Me parece oportuno llevar a cabo una entrada sobre ello debido a que tiene una relación directa con mi anterior publicación y por otro lado me permite ampliar diversos aspectos que ya he  tratado en la entrada relativa al “malestar docente e a autoridade do profesorado” o la dedicada a “Resiliencia na aula: docentes e alumnado”.

Durante dicha sesión, se produjo en un primer momento un debate entre un grupo que debía exponer argumentos relativos al “bienestar docente” y otro grupo al “malestar docente”. En mi caso, tuve la función de argumentar la postura relativa al malestar docente, postura que a su vez me parece la más realista, puesto que hoy en día los docentes encuentran en el ejercicio de su profesión más aspectos negativos que positivos.  

Considero que en nuestro país la profesión docente sufre una pérdida de prestigio constante y sin previsión de que dicho problema pueda ser frenado. Se tiene la concepción de que todas las problemáticas relativas al sector educativo tienen su foco en los propios docentes y esto genera pérdida de confianza en dichos profesionales y una sensación de malestar en ellos mismos, durante el ejercicio de su profesión.   

Ante esta situación, el docente sufre una falta de motivación en el desarrollo de su trabajo, ya que por un lado este no se ve valorado y por otro su frustración va en aumento ante los malos resultados. El docente carga con todos los problemas, evitando buscar ayuda y sin realizar una filtración de los mismos, lo que desemboca en un bloqueo a nivel mental que impedirá llevar a cabo su trabajo de manera satisfactoria.

Por lo tanto, surge lo que podemos denominar Burnout (tratado dentro de la temática del malestar docente en la segunda parte de la clase) “síndrome de estar “quemado” o estrés laboral crónico, se suele dar entre los trabajadores de los servicios humanos: docentes, personal de enfermería, de servicios sociales, seguridad... y en general en aquellas profesiones que implican un trato directo con las personas. Cuando decimos que el profesional está quemado queremos expresar que la situación le ha desbordado, y su capacidad de adaptación ha quedado reducida.”

Llegados a este punto es necesario realizar una diferenciación entre el estrés general y el Burnout. “Frente al estrés general, se considera el burnout como una de las posibles respuestas al impacto acumulativo del estrés laboral crónico, pudiendo constituir la fase final de éste.” “Por otro lado mientras que el estrés puede tener efectos positivos y negativos (euestrés frente al disestrés), el burnout tiene siempre efectos negativos.”

Desde mi punto de vista, unos de los factores primordiales en el Burnout es la relación del profesor con el alumnado, por lo tanto, aquel profesorado con alumnado problemático tendrá mayores posibilidades de “estar quemado”. “Parecen ser factores que generan estrés en el profesorado: los problemas y la falta de disciplina, la apatía, los bajos resultados en las evaluaciones, los abusos físicos y verbales, la baja motivación del alumnado, las presiones temporales, la baja autoestima y estatus social, los conflictos entre el propio profesorado, los cambios rápidos en las demandas curriculares”. “Influyen también características de la personalidad, siendo las más proclives: un predominio del locus de control externo, nivel de expectativas elevadas y poco realistas, autoestima baja, autoconcepto pobre o bajo, autocontrol y autoeficacia disminuida, ausencia o disminución de una personalidad resistente y sentido de coherencia, tendencia a pensamientos irracionales, baja motivación, pocos recursos o deficientes estilos de afrontamiento, baja empatía, y una personalidad caracterizada por la inestabilidad emocional y el neuroticismo”.

Ante esta problemática, es necesario intervenir y ayudar a aquellos que lo padecen en un proceso de entrenamiento, mediante el cual puedan:

  • Identificar los problemas.
  • Desarrollar estrategias para solucionar las diversas problemáticas.
  • Aprender a controlar el estrés en niveles excesivos.
  • Entrenamiento de la asertividad.
  • Fomentar la resiliencia e intentar desarrollar dicha capacidad.

Por lo tanto y ya para concluir, considero que debería de existir una mayor preocupación por la situación en la que se encuentran los profesionales del sector educativo y más concretamente los docentes. Afirmo esto, debido a que como ya he dicho anteriormente y a diferencia de otros países, la profesión docente se encuentra en un escalón inferior a otras profesiones consideradas “prestigiosas” desde un punto de vista socioeconómico como puede ser la de médico. Debemos de reflexionar y comprender que los docentes son los encargados de educar a las futuras generaciones y de ellos depende en gran medida el futuro del país. Por lo tanto, debemos procurar   que se sientan lo más cómodos posibles en el desarrollo de su profesión, ya que esto repercutirá en una mejor práctica profesional y en unos mejores resultados.

 

 

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