Relaciones profesorado-asesor

A pesar de que el trabajo del asesor revierte sobre multitud de personas y en su labor debe tratar con multitud de agentes, el principal grupo con el que se trata es el profesorado. Muchos aspectos influeyen en esta relación: los prejuicicios, las habilidades sociales, las actitudes.... Es importante conocerse a uno mismo para saber como afrontar del mejor modo las situaciones de interacción y saber que aspectos debemos cambiar de nosotros mismo para mejorar las relaciones con los profesionales con los que colaboramos.

Las ideas implícitas que inevitablemente tenemos acerca de las personas con las que colaboramos y las que estas tengan de nosotros, van a facilitar o a obstaculizar esa colaboración. Tras el debate en clase surgieron algunas ideas sobre lo que pensamos sobre los profesores y lo que estos piensan sobre los asesores que parecen estar bastante extendidas en el mundo educativo. Entre ellas podemos encontrar:

La arrogancia, en muchos casos se tiene la idea de que la persona con la que vamos a colaborar no va a querer nuestra ayuda porque ya sabe lo suficiente. Del mismo modo puede pensar que el asesor se cree un ser superior al decir como debe hacer las cosas. Es fundamental derribar esta barrera e iniciar la relación desde la humildad y la comprensión con ganas de aprender del otro y enseñar lo que se pueda.

Un requisito fundamental en la profesión de orientador es saber escuchar; no oír o escuchar sin más, sino saber mantener una actitud de escucha activa hacia el resto de profesionales que trabaja con nosotros. Hay que resaltar la importancia de la asertividad. Del mismo modo la tendencia a comprender en vez de a juzgar deben ser constantes en todas las relaciones que se establezcan.

Otro problema bastante recurrente cuando un orientador aterriza en un centro es no tomarse el suficiente tiempo para entender la cultura del centro al que llega. Enfrentarse directamente al modo en que se hacen las cosas desde hace mucho tiempo puede ser un error, y es necesario negociar con los distintos personajes del centro para intentar plantear cambios bien reflexionados y que no rompan bruscamente con lo existente. Los cambios que se presentan razonadamente, desde la humildad, e ideados con la colaboración de los agentes que tendrán que implementarlos es el único modo de hacerlos efectivos y duraderos.

En muchos casos parece que los profesores solo acudirán al orientador para pedir respuestas a problemas concretos. Es responsabilidad del orientador cambiar esto y ofrecerse como un agente colaborador en todo lo que abarca el proceso de enseñanza-aprendizaje. Del mismo modo el objetivo será siempre capacitar al profesorado y este debe entender la labor del orientador de este modo y no como una persona a la que recurrir para que solucione problemas.

Además de tener una mentalidad comprensiva para romper los prejuicios es necesario el conocimiento mutuo entre el orientador y los orientados para que así todos entiendan las bondades que se pueden sacar de la relación mutua, siempre y cuando esta sea de respeto y participación. Es necesario que los agentes delimiten bien sus funciones y que hagan a los demás conocerlas. Del mismo modo el trabajo debe ser colaborativo.

En algunas ocasiones puede parecer que esto es imposible, porque desde los medios de comunicación y muchas partes de la sociedad se nos envian mensajes de que la colaboración en los centros es inexistente. Sin embargo, yo prefiero creer que esto solo se da en una minoría  muy ruidosa de centros y que con un firme compromiso y acercándose con respeto al a cultura de un centro se pueden realizar multitud de cambios para mejor en cualquier institución edcuativa.