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Andy Hargreaves (2003) "Enseñar en la sociedad del conocimiento"

Reflexión sobre:

Hargreaves, Andy. (2003) “Enseñar en la sociedad del conocimiento” Capítulo 1 Enseñar para la sociedad del conocimiento: educar para la creatividad. p.p. 19-42. Ed. Octaedro.

“La enseñanza es una profesión paradójica. De todos los trabajos que son o que aspiran a ser una profesión, sólo de la enseñanza se espera que cree las habilidades y capacidades humanas que deben permitir a individuos y organizaciones sobrevivir y tener éxito en la sociedad del conocimiento actual. Al mismo tiempo se espera de los docentes que mitiguen y contrarresten  muchos de los inmensos problemas que crean las sociedades del conocimiento, tales como un consumismo excesivo, una pérdida del sentido de comunidad y la ampliación de las brechas entre ricos y pobres. En cierto modo, los docentes deben apañárselas para alcanzar a la vez estos objetivos, aparentemente contradictorios.”

Con esta idea comienza Hargreaves.A,  el primer capítulo de su libro “Enseñar en la sociedad del conocimiento”.

La esencia de esta idea, es mostrar la idea que está presente en la realidad social actual. A pesar de que la enseñanza es una de las profesiones más importantes y con más implicaciones dentro de la sociedad, ya que actúa a corto y largo plazo sobre ella, se encuentra a la vez siendo, la más desvalorizada y criticada. De hecho como bien se dice en el capítulo, el gasto público, el bienestar social y la educación son las primeras víctimas del deplorable estado que a menudo han exigido las economías del conocimiento. Las condiciones de los docentes y sus salarios, están a la cabeza en los recortes, y cada vez el trato va a peor. Se recortan profesores, y la ratio de alumnos aumenta, provocando un declive empobrecimiento de la educación, con un sistema que hace aguas por todas las esquinas.

Además, la revolución del conocimiento ha hecho que los recursos vayan desde el bolsillo público hacia el privado, con el fin de estimular el gasto e impulsar el mercado. Los más beneficiados de este hecho, los que más tienen. Los más perjudicados, los que luchamos día tras día contra todas las adversidades, para poder al menos subsistir. Este traspaso de recursos, está provocando una privatización de los derechos humanos, y poniendo en peligro las instituciones públicas de las que la mayoría dependemos, y entre las que se encuentra la educación pública.

Por si esto fuera poco, a los docentes se les carga con la responsabilidad de construir un tipo de profesionalismo concreto. Al profesor actual como catalizador, se le exige entre otras cosas: promover el aprendizaje cognitivo profundo; compromiso con el aprendizaje profesional continuo; implicar a las familias en el proceso y tratarlas como “socios” en el aprendizaje; crear en sus alumnos capacidades y habilidades para sumir cambios, riesgos y adaptaciones; promover la confianza en los procesos; etc. En esencia, se le pide que los estudiantes, sean capaces de alcanzar el nivel cognitivo correspondiente, siendo capaces de razonar y argumentar el conocimiento, y de aplicarlo a la realidad. Esto implica, un esfuerzo mayor por parte del docente, que ya no es un mero transmisor de conocimientos, sino la persona que facilita la interiorización de los mismos y el control sobre las situaciones a la hora de aplicarlos. Aquí es donde influye la formación del profesorado, que debe ser continua para poder cumplir con sus objetivos y tareas. El profesor debe implicarse y comprometerse con un trabajo continuo, permanente, en el que debe estar atento a toda la actualidad para adaptarla al aprendizaje y que este sea lo más parecido a la realidad social.

“Vivimos en una economía del conocimiento, en una sociedad del conocimiento. Las economías del conocimiento son estimuladas y dirigidas por la creatividad y la inventiva. Las escuelas de la sociedad del conocimiento tienen que crear estas cualidades, si no su gente y sus naciones se quedarán atrás.”

Nos encontramos ante un nuevo mundo, donde términos como neoliberalismo, multiculturalidad,  globalización, o nuevas tecnologías, cobran cada día más relevancia. Enseñar en y para la sociedad del conocimiento, está por lo tanto relacionado con un aprendizaje que estará enmarcado dentro de una realidad cambiante, donde la enseñanza se basa en la investigación, la formación y la autoevaluación de la profesión de modo que los docentes, realicen a menudo, una revisión de su metodología de trabajo y formación, para cambiar y mejorar sus estrategias dentro del proceso.  Así, en esta situación cambiante, se muestra cada vez más grande, la brecha entre los países ricos y los países pobres. Factores como el paro, el crecimiento de la delincuencia o la inmigración, nos muestran esa encrucijada, en la que el sistema educativo en general, y la escuela en particular, también están sumergidos. Como se recoge en el capítulo, la escuela debe tratar de compensar estar desigualdades, fomentar el espíritu crítico, la creatividad, la innovación. Para conseguirlo, debemos dejar a un lado el currículum cerrado, la “ “obsesión compulsiva por la estandarización” (Hargreaves, A.2003, p.10), de la que habla Hargreaves, y tratar de crear una fuente de ideas, de progreso, que ayude a prepararnos para la realidad social.

 

“Actualmente, los docentes se encuentran encerrados en un triángulo de intereses

e imperativos en competencia:

• ser catalizadores de la sociedad del conocimiento y de todas las oportunidades y la prosperidad que promete traer;

• ser los contrapuntos de la sociedad del conocimiento y sus amenazas a la inclusión, la seguridad y la vida pública;

• ser víctimas de la sociedad del conocimiento en un mundo en que las crecientes expectativas en la educación se encuentran con soluciones estandarizadas, proporcionadas con el coste mínimo.” (Hargreaves, A.2003).

Como se cita en el capítulo, en la actualidad los docentes se encuentran atrapados en un triángulo fatídico en continua competencia al ser al tiempo, catalizadores, víctimas y contrapuntos de la sociedad del conocimiento. Además como catalizadores se les exige un tipo de profesionalismo concreto (citado ya anteriormente), no sirve con enseñar lo que ellos quieran como se hacía antes, deben construir un profesionalismo nuevo. Las interacciones existentes entre estas tres fuerzas “están dando forma a la naturaleza de la enseñanza, a lo que quiere decir ser docente, y a la mismísima viabilidad de la enseñanza como una profesión en la sociedad del conocimiento.”(Hargreaves, A.2003).

Esta es la esencia del primer capítulo, de un libro que impresiona por el sentido común que transmite Hargreaves en su redacción. Las organizaciones de aprendizaje están ya en nuestra sociedad actual, siendo muchas veces, vía de solución a los problemas que el sistema educativo atraviesa en esta, sociedad del conocimiento. El trabajo del docente a dado un giro radical en las últimas décadas, debemos acatar las nuevas realidades y evolucionar, pero también debemos luchar por tratar de levantar su relevancia en la sociedad.  Para finalizar, me quedo con una cita de Hargreaves que resume bien buena parte de este capítulo, y con esta viñeta de e-faro, que da una visión clara del fracaso de la educación actual, en relación con algunos puntos que trata este análisis:

“Una economía del conocimiento funciona no sólo con la energía de las máquinas, sino con la energía del cerebro: la energía para pensar, aprender e innovar. Las economías industriales necesitan trabajadores para las máquinas; las economías del conocimiento necesitan trabajadores del conocimiento”. (Hargreaves, A.2003).

El ABC del fracaso de la educación

Bibliografía/ Webgrafía utilizada:

http://campus.usal.es/~teoriaeducacion/recensiones/n5_rec_jbc.htm ( Consultada a 26-10-2013)

http://www.e-faro.info/Imagenes/CHISTES/WChmes02/Acudits2009/090329,fracaso.educacion.jpg (Consultada a 26-10-2013)

Hargreaves, A. (2003). “Enseñar en la sociedad del conocimiento”. Capítulo 1: Enseñar para la sociedad del conocimiento: educar para la creatividad. p.p. 19-42. Ed. Octaedro, España.