¿ Teórica o prácticamente?

El tema principal del artículo es el análisis sobre la formación inicial docente, centrando el argumento en ¿qué se aprende? ¿cómo? ¿cuando? y ¿con quien? .Para resolver estas dudas se recurre a las historias personales de algunos docente que participaron en la elaboración del artículo aportando una mirada crítica sobre la situación. Por otra parte se apoya la argumentación de esas miradas que buscan lo positivo, aquellos indicios que marcan el camino correcto y que se deben de seguir.

La formación inicial de un docente empieza, como no, en la universidad, y esta parte de la formación desempeña un papel muy importante en la carrera de un docente, porque aporta conocimiento teórico y también practico. El problema viene cuando se entiende la obtención del título como el fin de la formación, idea errónea en todos los sentidos, pues el final de la etapa universitaria marca el inicio de la formación permanente, importante en todas las profesiones, llegando a hablar de imprescindible en el caso de la profesión docente.

Lo que un docente busca en su formación universitaria es, además de obtener conocimientos teóricos, tener las armas y sentirse capacitado para desenvolver su tarea llegado el día. Conocer herramientas y técnicas que le ayuden a sentirse seguro a la hora de resolver las diferentes situaciones se pueden llegar a dar en un aula. Sobre todo esta demanda viene dada por los cambios producidos en la sociedad en los últimos tiempo, cambios que se reflejan en las aulas, y que puede dar lugar a situaciones que requieran gran preparación del docente para solucionarlas correctamente. Es esta formación la que se le pide a la universidad además del conocimiento teórico, distante, para muchos, de la práctica diaria desempeñada en las aulas. La sensación que experimentan muchos docentes, una vez empiezan su ejercicio profesional, es que gran parte de los conocimientos adquiridos a lo largo de sus estudios carecen de utilidad y que por el contrario, están escasos de experiencia y no se sienten capacitados o se sienten inseguros para “enfrentarse” a un aula.

Ya es las prácticas realizadas en esta etapa de estudios (escasas para muchos docentes) se nota el abismo entre la formación teórica y la práctica, ambas desvinculadas que provocan en los estudiantes la sensación de no recibir la formación correcta.  Es cierto que se aprende a ser docente en el aula, cuando te enfrentas a la realidad y experimentas por ti mismo los problemas y situaciones del día a día, pero también es cierto que esa primera etapa puede ser dura para muchos docentes por sentirse “oficialmente” preparados para desarrollar su labor, pero “personalmente” insuficientemente capacitados para llevarla a cabo correctamente.  

Porque no es lo mismo “saber de una materia” que “saber enseñar una determinada materia”,  se pide una revisión de contenidos , que no se base solo en aquello que los docentes tendrán que transmitir a sus futuros alumnos, sino que enseñe las técnicas y estrategias para hacerlo.

A pesar de esto, hay una mirada positiva en la formación universitaria, y es que ha sabido adaptarse, en mayor o menos medida, a las nuevas necesidades. Por ello las practicas se han extendido en cursos y duración y en la  mayor parte de los casos ya no se desarrollan simplemente en el último curso, sino que son progresivas en los años de enseñanza, acercando y haciendo más partícipe al estudiante a medida que avanzan.

Además de “estos malos recuerdos” hay miradas positivas hacia la formación inicial docente. Miradas que recuerdan profesores que marcaron, que se caracterizaban por su diferencia, profesores en los que era patente una vocación por su labor, vocación que compartías y que hacían de sus clases verdaderos pasatiempos.  Este tipo de profesores no formaban la mayoría, pero su labor iba más allá del currículo, miraban de otra manera las clases, como si supieran lo que existía detrás de lo de los libros, y te invitaban a conocerlo con ellos.  A existencia de este tipo de docentes, es vital para la motivación a la hora de seguir estudiando, marcan tus inicios formativos, y construyen unos pilares sólidos para el resto de tu formación.  Participan de una metodología alejada de la ordenación y la memorización, metodologías que apuestan por el conocimiento a través del estudio de la experiencia y de la contextualización de los saberes. Clases que estimulan simulando situaciones de aula, importante para no sentirte un desconocido desubicado a la hora de entrar en el aula.  Lo que se le pide a la universidad es la capacidad de motivar a sus estudiantes, las prácticas son lo que más marcan, y por ello se pide que vinculen los conocimientos adquiridos a la futura realidad que se van a encontrar los estudiantes.

En mi opinión es fundamental la forma en la que te educan, porque será la que tomes de modelo a la hora de desempeñar la profesión. Y partiendo de esta idea nos encontramos en un círculo. Si los docentes universitarios motivan a los estudiantes, estos motivaran a sus futuros alumnos  conseguiremos una sociedad más crítica, más investigadora, que no se quede con lo que se le dice, sino que se esfuerce por ser parte activa en su formación. Volviendo en este punto sobre la idea de que la formación no termina cuando se acaba la universidad, sino que es simplemente un punto y aparte, un nuevo párrafo que a de continuar con más ganas si cabe.  Si conseguimos inculcar esta filosofía, se conseguirá mejorar la educación muy notablemente.

Y esta filosofía de enseñanza hay en ocasiones que no se lleva a cabo, según opiniones  de algunos docentes noveles, desde la universidad no se busca formar docentes críticos ni reflexivos,  obligando a la memorización y no a la justificación de opiniones.  En algunos casos las prácticas no son tan idílicas como deberían, estás deben ser progresiva. En ellas los alumnos tiene que ir poco a poco conociendo la forma de trabajo de la institución, y a medida que este conocimiento avanza ser partícipes paulatinamente de la misma. No se debe tomar a un docente en prácticas como docente experto, ni exigirle lo mismo, puesto que está formándose.  En el momento de acabar los estudios universitarios  se debe asumir esa responsabilidad, poniendo en práctica el conocimiento teórico adquirido así como llevando a cabo lo aprendido en las prácticas.  Cuando llega el momento de ejercer la labor docente, no se puede considerar al profesor novel como un comodín que situar en cualquier vacante o puesto libre. Es un profesional formado para unas determinadas áreas o tareas, y  aunque de buena voluntad acepte cualquier trabajo, su formación no está especializada en todo. Ante este problema hay docentes que asumen esta labor y dan la clase sin más y los hay más comprometidos con la tarea que buscan formarse por su cuenta para desarrollarla correctamente.

En definitiva, existe un distanciamiento real entre teoría y práctica en la formación inicial de los docentes,  se necesita un cambio que acerque más las prácticas diarias con el fin de disminuir este abismo existente. Se están dando los primeros pasos para lograrlo, y esto es de valorar, pero no es suficiente, el camino es largo y difícil, pero totalmente alcanzable el objetivo, y en mi opinión si lo que se busca con esto es una educación de calidad cualquier esfuerzo para lograrlo está justificado.