El centro educativo como comunidad profesional de aprendizaje

 


El centro educativo como comunidad profesional de aprendizaje

 

La imagen educativa que más se acerca a una organización que aprende es la de una comunidad profesional de aprendizaje, en la que el personal comparte unos objetivos de trabajo y hay establecida una densa red de colaboración informal. Es también la posible mejor reconstrucción educativa de este modelo procedente de organizaciones no educativas. Una teoría adecuada del aprendizaje institucional, implica que el centro se pueda convertir en una comunidad de aprendizaje, en contextos de deliberación práctica y colaboración. Pero esta pura teoría, ¿tendría problemas en su aplicación práctica en los centros educativos? Obviamente sí.

Un centro educativo, además de un lugar de trabajo es una unidad básica de formación e innovación, que desarrolla en su seno un aprendizaje institucional u organizativo donde las relaciones de trabajo enseñan y la organización como conjunto aprende. Pensar en el centro como una colectividad supone convertirlo en el lugar donde se analiza, discute y reflexiona, conjuntamente, sobre lo que pasa y lo que se quiere lograr. Se participa de la creencia de que si se trabaja juntos, todos pueden aprender de todos, compartir logros profesionales y personales, y también dificultades y problemas. Por ello, la colaboración entre compañeros de trabajo escuchando y compartiendo experiencias, es una forma privilegiada de consecución de una comunidad de aprendizaje.

La cuestión, es encontrar la manera de que los centros educativos sean generadores de aprendizaje tanto como para los alumnos como para los profesionales de la educación. Sarason (1990), indica que “es virtualmente imposible crear y mantener a lo largo del tiempo condiciones para un aprendizaje productivo para los alumnos cuando no existe para sus profesores”.  Para la consecución de este reto, creo que los docentes y orientadores/as deberían estar continuamente aprendiendo y pensando cómo mejorar sus prácticas, y creo que la mejor forma de hacerlo sería aprendiendo colectivamente, como grupo de iguales, en una relación donde se puedan exponer las ideas, innovar, solucionar problemas o implantar diversas medidas de mejora. De este modo, se debe ver la enseñanza como una tarea colectiva, en cooperación e interdependencia. Otro tema importante es la toma de decisiones, pero que debe ser de manera compartida, invirtiendo espacios y tiempo en diálogos comprometidos en la mejora de la enseñanza del centro.

Sólo de esta forma, se conseguirá una organización que aprende y se desarrolla conjuntamente, promoviendo la colegialidad y el apoyo para el desarrollo profesional. Se trata de promover un cambio cultural para hacer de las escuelas organizaciones basadas en la colaboración de sus miembros, en que unos valores de solidaridad, coordinación, colaboración, autonomía, interdependencia, discusión, reflexión y crítica conformen una cultura propicia al cambio educativo permanente.

Sin embargo, opino que todavía queda en nuestras aulas cantidades ingentes de individualismo, aislamiento del profesorado como agente educativo y falta de innovación educativa. Se debe hacer algo al respecto, pues la organización del centro educativo como comunidad de aprendizaje tiene multitud de potencialidades que deben ser desarrolladas por el bien de los alumnos/as y de los profesionales de la educación.