Silvia Alvarez Otero

Observadora, intuitiva, temperamental, impulsiva, en ocasiones más emocional que racional, activa, sincera (a veces demasiado), alegre, optimista, habladora... Dicen que incluso gusto de las discusiones...

6.3. Enfoque Colaborativo y Trabajo en Red según Montero y Sanz

Esta entrada está inspirada en el artículo "Entre la realidad y el deseo: Una visión del asesoramiento" de Lourdes Montero y Mª Dolores Sanz Lobo. En Profesorado: Revista de Currículum y formación del profesorado. 

Situándonos en el asesoramiento y la orientación en la marco de las instituciones escolares, la relación en que sería más conveniente situarnos con respecto al asesoramiento sería la mencionada en palabras de Jiménez Gámez y otros (2005) y citado por Montero y Sanz (2008), como el modelo de consulta triádica. Que es aquella en la que intervienen asesor – profesor – alumno, siendo el asesor quien oriente y guíe al profesor (bien sea por demande del primero o del segundo) para que éste pueda a su vez intervenir y guiar a su educando. De esta forma se superaría el modelo de consulta de corte más clínico (orientador – alumno), considerado como una visión reduccionista del asesoramiento. Ello no quita que el asesor pueda intervenir directamente con el alumno si fuese necesario, haciéndolo de manera global, teniendo en cuenta todo el sistema que rodea al alumno y a la escuela, así como la coordinación con recursos humanos y materiales del centro y del entorno próximo. En este punto nos encontramos ante la consulta colaborativa, como forma de trabajo que supera y aúna buenas prácticas de modelos anteriores y que se consolida como una de las bases del trabajo actual de asesores y asesoras. (Montero y Sanz, 2008: 9).

A pesar de que este tipo de relación personal es crucial en la orientación y en el asesoramiento (orientador – alumno y asesor – profesor – alumno), no sería suficiente quedarnos en esta relación, sino que es necesario caminar hacia más formas de asesoramiento que la completen y complementen, ampliar los espacios y situaciones donde converjan los distintos profesionales. Nos situamos en una línea de trabajo que requiere “profesionales más preparados y sobre todo más abiertos al trabajo colaborativo, en red y a la incertidumbre”. (Montero y Sanz, 2008: 8).

En consonancia con las autoras del artículo en el que está inspirada esta exposición y reflexión, este portafolios aboga también por los principios a los que estamos haciendo alusión en torno al asesoramiento y su faceta de consulta colaborativa, del mismo modo que se apoya y se espera poder avanzar/participar en un futuro profesional en el trabajo colaborativo y en el trabajo en red, aunando y coordinando los esfuerzos de las propia institución educativas dentro de ella (comunidad educativa) y con las demás, compartiendo buenas prácticas por ejemplo, así como éstas con el resto de organismos e instituciones de lo social que se encuentran en un entorno próximo.

Así mismo, siguiendo a las mencionadas autoras, el establecimiento de una cultura de colaboración, en contraposición  a culturas individualistas y balcanizadas mencionadas en el anterior documento, descritas por Hargreaves, precisa de buenas relaciones y actitudes positivas y facilitadoras de  una comunicación que propicie el intercambio de opiniones, experiencias y prácticas. De este modo, una relación de cordialidad facilitará la coordinación y colaboración entre profesionales de la misma institución y con las instituciones y organismos vecinos, que puedan dar lugar a un trabajo conjunto, bien de colaboración (en la misma institución, trabajando en equipo) o bien un trabajo en red (en coordinación con los agentes e instituciones del entorno, las familias…).

Como otro de los elementos favorecedores de esta coordinación y planificación que conduzcan a culturas de colaboración y de trabajo en red, es preciso destacar el papel del equipo directivo, como señalan Montero y Sanz (2008: 13). Si éste reconoce y valora positivamente la figura del orientador, como asesor interno, al tiempo que le concede un lugar deseable dentro de la institución como base para su aceptación, conocimiento y el desarrollo de sus funciones, facilitará la tarea y se estará en mayor disposición para llevar a cabo actuaciones coordinadas y colaborativas por todos los miembros de dicha institución, para la formación de equipos de trabajo dentro del centro y el trabajo en red fuera de él, entre otros ejemplos.

Para la consecución de dichos cambios, mejoras e innovaciones es preciso también contar con una actitud positiva y con cierta creatividad por parte del asesor interno, orientador, y por parte del equipo, pues serán ellos los que acompañarán y participarán en estos cambios que nacen por parte de la propia institución.

Destacar el importante papel de la investigación – acción, como la relación entre la teoría y la práctica, pues ambas son importantes y la primera de ellas debe sentar las bases para una práctica deseable desde el punto de vista del asesoramiento. Es importante que tanto los que se dedican a investigar las diversas posturas teóricas y los estudios que las apoyan (grupos de investigación, universidad…) estén en coordinación, comunicación y en colaboración con aquellos que mediante su práctica (instituciones educativas) también innovan y promueven cambios hacia la mejora. Ambos elementos pueden retroalimentarse el uno con el otro mediante la transmisión de conocimientos, experiencias y prácticas.