1. El miedo inicial

1. El miedo inicial

Última actualización de en Beatriz Pena Alonso

Como cuando te preparas para aprender a nadar, y no sabes qué debes hacer para no hundirte. De esa misma manera me sentía yo cuando empezamos a adentrarnos en la Tecnología Educativa, una materia que se nos presentó hace ya unos meses, y desde la cual brotaban dudas y miedos. No sabíamos a qué nos enfrentábamos: una metodología novedosa en nuestra práctica de aprendizaje, que nos llevaba a cuestionar todas y cada una de nuestras acciones, todos nuestros movimientos y pensamientos.

Para ser sincera, he de admitir que esta asignatura no es que me llamase mucho la atención desde un principio. Tecnología...andar con ordenadores, buscar aplicaciones y rercursos de aprendizaje que fuesen empleables en las diferentes etapas educativas. ¿Qué iba a aprovehcar yo de eso? Es cierto que mis conocimientos a cerca de la tecnología, y más concretamente de la tecnología educativa, eran prácticamente inexistentes. Conocía aparatos electrónicos, claro, y algunos propiamente destinados al aprendizaje, pero hasta ahí. Valorando mi acercamiento a la tecnología, ya tenía la sensación de que el proceso de aprendizaje sería tedioso y aburrido, teniendo que memorizar datos tecnológicos y pasos en aplicaciones para conseguir realizar unas u otras actividades, con el fin de avanzar en mis competencias de cara al mundo tecnológico y digital.

Era más que obvio que necesitaba lanzarme al agua, para poder descubrir todas las posibilidades que ofertaba esta materia. Pero no, no me apetecía nada, no me atraía. Entre tanto pensamiento negativista, la asignatura empezó, y la gran ola de la tecnología se disponía hacia mí con el fin de arrastrarme entre corrientes. Así pues, y para evitar perderme en las profundidades, me preparé, me dispuse a aprender a nadar, a aprender todo aquello que concernía a la tecnología, a flotar en el mar de los conocimientos tecnológicos.