7ª Etapa (Ponferrada): Las agujas de nuestra brújula

7ª Etapa (Ponferrada): Las agujas de nuestra brújula


A lo largo de nuestra ruta, dudaremos en numerosas ocasiones, perderemos el rumbo de nuestro viaje e incluso habrá veces en las que deberemos volver hacia atrás para retomar el curso de nuestro camino. Pero en estos instantes habrá algo al que siempre podamos recurrir: la brújula. Ella nos guiará adecuadamente hacia nuestro destino.

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En el campo del asesoramiento existe también una brújula que siempre nos guiará: el conocimiento acumulado, que unido al bagaje emocional, a la práctica real y a la experiencia almacenada por otros en este campo, constituirán algunas de las herramientas fundamentales del asesor/a. No debemos preocuparnos por cometer errores, ya que errar es de sabios y de ellos se aprende.

 

En el caso de la mejora educativa, como casi todo en esta vida, no existe una fórmula mágica que nos indique cómo actuar, pero sí existe una experiencia y un conocimiento acumulado al que no hemos de dudar en recurrir.

Hoy por hoy, hemos avanzado mucho en este campo y sabemos que existen unas acciones o fases que en toda mejora educativa se han de desarrollar. Constituyen, por tanto, las bases y condiciones estratégicas que en todo proceso de mejora se han de intentar propiciar. Son:

  1. Generar la necesidad de hablar de mejora
  2. Autorrevisión colegiada de la práctica con la consiguiente identificación de necesidades y ámbitos de mejora
  3. Clarificación en la historia del centro de experiencias positivas y de elementos que favorezcan o dificulten la realidad del aula.
  4. Planificación y preparación para el desarrollo de la acción a través de un plan de acción.
  5. Puesta en práctica del plan
  6. Evaluación del proceso e institucionalización de la propuesta.

 

En consecuencia,  si entendemos la mejora educativa  como un proceso de cambio en que todos, profesores, comunidad y centro, van a  aprender a resolver  por si solos disfunciones y problemas, hemos de actuar como unos interconectores  que difundan prácticas innovadoras, que generen compromiso y que pongan a su disposición una serie de herramientas como el entusiasmo, la colaboración y la reconstrucción compartida de un proyecto común.

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Por tanto, y derivado de la necesidad de que este apoyo sea respetuoso y prudente con la realidad y con las condiciones del centro educativo, el asesor/a se ha de resituar en un nuevo marco  que esté caracterizado por: convertirse en un inductor, dinamizador y facilitador de la innovación; por estimular y apoyar un proceso de comunicación fluido, bidireccional y horizontal; y, finalmente, por concebir el proyecto educativo y la dinámica institucional del centro como dos  oportunidades claves para deliberar, reflexionar y decidir sobre lo que ocurra en el centro.

 

Desde esta nueva perspectiva, nosotros, peregrinos, y futuros asesores/as de centros y profesores, necesitaremos sacar la brújula y utilizarla en numerosas ocasiones. No obstante, este proceso no va a ser fácil; ya que  para que la brújula nos guíe adecuadamente, hemos de practicar con ella hasta que logremos interpretar lo que sus agujas marcan. Y cuando lo consigamos, nos ayudará a redirigir nuestro camino y a darnos cuenta de lo necesario que será modificar algunas de nuestras actuaciones.  El camino es luz y sólo tendremos que analizar adecuadamnete las señales que nos iremos encontrando para llegar a nuestro destino.

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Así, de las recomendaciones importantes que la brújula del asesor/a ha de marcar, son:

  • No saber de partida (no anticiparse ni ir de experto): actuar desde los primeros contactos iniciales, abriéndose al centro.
  • Evitar la impaciencia técnica y no precipitarse: dar tiempo al tiempo y fomentar las relaciones horizontales
  • Ver las resistencias como fuentes de mejora y de superación, no como obstáculos o barreras.
  • No centrarse en los contenidos sino en el propio proceso de autocapacitación profesional e institucional.
  • Cambiar de chip, de la formación al aprendizaje, es decir, de la mera formación al desarrollo integral y armónico de TODO el alumnado.
  • “Trabajar con” en lugar de “intervenir en”: en tanto que el verdadero agente de mejora es la comunidad educativa, su compromiso y acción. Hablamos entonces de la necesaria creación de comunidades de aprendizaje democrático: que todos aprendan con todos.
  • Colaborar en desarrollar, no aplicar: el asesor debe actuar como apoyo y soporte para el cambio, despojándose de su concepción de “experto infalible” y adoptando una posición de mediador y facilitador de procesos, coparticipando con el resto de la comunidad de aprendizaje en un proceso de liderazgo compartido.
  • Equilibrar las iniciativas innovadoras locales dentro de un marco objetivo aceptado como válido al igual que equilibrar las necesidades de mejora con las características y posibilidades del centro concreto del que formemos parte.